CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


'Missing'

Pedro Sánchez está o ha estado en Bruselas, era cita obligada porque el asunto del Brexit es un gravísimo problema que no solo afecta al futuro del Reino Unido y a la continuidad de Theresa May como residente del 10 de Downing Street, sino que sacude los cimientos de la UE y se deben tomar medidas para paliar sus efectos. Dicho esto, ¿dónde se ha metido el presidente del Gobierno esta semana en la que Quim Torra se ha enfrentado abierta y desafiante a las instituciones? 
Menos mal que la Junta Electoral Central no se ha movido ni un milímetro en sus obligaciones y se ha mantenido firme en su papel hasta que ha cedido el presidente de la Generalitat; pero cuando un gobierno independentista que trae en jaque al país planta cara a la institución que garantiza la limpieza de unas elecciones, lo mínimo que se le puede pedir al líder del Ejecutivo, que, además, es el que ha convocado esas elecciones, es que diga algo, algo, que dé aliento a una JEC cuestionada por aquellos que quieren romper España. Torra, por cierto, se ha achantado gracias a la firmeza que ha demostrado la JEC, organismo por el que no siente el menor respeto: ha accedido a retirar los lazos amarillos porque así lo exigió su socio ERC, que incluso dio instrucción a sus dirigentes de empezar a retirarlos personalmente.
En momentos tan serios en el desafío, que, además, es un momento de la máxima importancia porque se está decidiendo el futuro de España a través de las elecciones que se celebran a lo largo de los dos próximos meses, el jefe de Gobierno es el referente al que se dirigen todas las miradas cuando se reta nada menos que a la Junta Electoral. Sánchez, sin embargo, aparte de su viaje a Bruselas al que estaba obligado por la propia UE, solo ha salido de su despacho para hacer campaña electoral. No para defender las instituciones españolas ante las maniobras intolerables de un independentista, sino para intentar que el PSOE sume más votos. No se da cuenta de que las faltas de reacción influyen más en una campaña que el mejor de los mítines. A ver si se entera el líder socialista que su principal responsabilidad es como presidente del Gobierno, no como candidato del 28-A.
Está tan perdido, tan missing, trabajando solo para alcanzar sus objetivos políticos, que ni siquiera ha dado un toque a su vicepresidenta para que tenga un comportamiento ejemplar ante el proceso electoral. Carmen Calvo no ha tenido el menor pudor en utilizar la red social de la Moncloa para lanzar mensajes electorales. Tan abiertamente, tan descaradamente, que la ha reconvenido la propia Junta Electoral Central, lo que debería avergonzar a Calvo … y a su jefe, Pedro Sánchez. Pero lo más grave es la falta de reacción del presidente ante la actitud de Torra. Hay silencios presidenciales inexplicables. Hirientes.