LA COLUMNA

Aurelio Martín

Periodista


En continuo sobresalto

Los desayunos que nos ofrece la realidad al comienzo de cada día no provocan otra situación más que la del atragantamiento, es difícil que tengamos esa visión tan positiva de la vida que tanto aconsejan los expertos en salud, para comenzar a andar con tanto sobresalto o no quedarse directamente en la cama aunque llegue la primavera. Al cabo de cada jornada se registran acontecimientos tan disparatados que apenas queda espacio en los medios de comunicación para dedicarlos a historias humanas o emocionantes, de esas que llenan espacios incluso del alma. No hay sitio para la realidad fuera de unos ámbitos muy reducidos, generalmente vinculados a la política, cuando no viene en forma de noticia falsa a través de los grupos de wasap.
A poco que salgamos de las fronteras, nos encontramos con la inmovilidad británica en torno al Brexit, el Parlamento lo está dando tantas vueltas que lo único que transmiten es que no saben lo que buscan, que han abierto un melón que es difícil de digerir, incluso que no parece que tengan muy claro al final si es conveniente la salida de la Unión Europea. Tampoco los ingleses saben lo que ocurre. Lo que conocemos por los informes del Banco de España es que una salida desordenada costaría a España 9.000 millones de euros y, si hay un acuerdo, apenas será perceptible. 
Y más cerca, también hablando de rupturas, mientras que los testimonios que se registran durante la vista del procés en el Tribunal Supremo van ordenando lo que se conocía, o se suponía, en otros casos, en cuanto a las acciones del independentismo blindado con fondos públicos, el presidente de la Generalitat, Quim Torra colorea lazos, tratando de burlar los requerimientos de la JEC, uno de los órganos institucionales que se ha dado la democracia en España, la misma que permite la convivencia y que se celebre una manifestación independentista en Madrid respetada por todos. Es una lástima porque, en el fondo, a sus promotores les hubiera gustado la presencia de algún exaltado o la intervención policial para tener argumentos y recurrir al Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, argumentos que si tuvieron el famoso 10-O, cuando el referéndum ilegal. 
Todo se reduce a propaganda, victimismo y un electoralismo trasnochado, con gestos antidemocráticos, o que pregunten a quienes no creen en la independencia, la mitad de los catalanes, al menos, cómo se comportan contra ellos y la marginación de la que son víctimas. 
Por si fuera poco el sobresalto mayúsculo nos lo trae la ultraderecha tratando de armar a los ciudadanos, mientras ficha a militares retirados, sin apenas respuesta por parte de quienes se ven como socios de gobierno en comunidades autónomas o ayuntamientos.