TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Objetivo: ganar

España acumula seis participaciones consecutivas en Eurocopas y 11 en Mundiales. Pocas selecciones hay en el mundo que puedan ofrecer unos números así... y eso es porque se han hecho los deberes en las sucesivas fases de clasificación, el equivalente a las visitas del Madrid a Montilivi, el Barça al Ciudad de Valencia o el Atlético a Balaídos: «esos partidos» en los que se ganan y pierden Ligas y el objetivo único no es la excelencia sino los tres puntos. Después llegarán los partidos guapos de verdad, los del torneo, pero para estar en ellos primero hay que tragar los sapos de la clasificación, cumplir con el favoritismo otorgado y sacar victorias como sea.

Los seleccionadores de las favoritas (el caso de Luis Enrique y España), al mismo tiempo, deben compaginar la obligatoriedad del triunfo con la conversión de sus equipos en bancos de pruebas con vistas a la gran cita... ¡A dos cursos vista! O sea: te puedes despistar en la lejanía. Y los jugadores, conscientes de esa relativa superioridad, por mucho el que el fútbol moderno les haya recalcado eso del «rival pequeño» y su inexistencia, ven que en su grupo están Malta y las Islas Feroe y tienden a ese fútbol-siesta en el que pretendes golear a todo quisqui sin bajar del sofá.

Es una situación incómoda, porque además puede haber tres o cinco meses entre partido y partido para arreglar desaguisados o confirmar tendencias; por eso, a estas alturas, el principal trabajo de Luis Enrique y su equipo no es tanto de corte y confección como de psicología: convencer a todos los allí presentes que cada tacada de tres puntos es un paso hacia la gloria; todos recordamos el gol de Torres en la final de la Euro'08, pero antes hubo que remontar contrarreloj aquel 3-2 de Irlanda y el 2-0 de Suecia en 2006 en una fase de clasificación penosa. ¿Jugar bien? Lo guardamos para la Eurocopa.