TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Los guantes

René Higuita. Un tipo peculiar. Entendía el fútbol como un espectáculo, amaba el riesgo, jugaba bien con los pies y asumía su deporte como un juego de 11 y no de 10 más uno. A pesar de ser considerado como uno de los mejores porteros del pasado siglo y de marcar un nuevo rumbo, cuando a Higuita (años 80 y primeros 90) le daba por abandonar la portería, regatear dentro del área, tirar penaltis o faltas o ser uno más, el gran público no estaba preparado: «Lo que tiene que hacer un portero es parar».

¿Y algo más?

Guardiola le dijo a Víctor Valdés que él era el tercer central cuando el Barcelona tenía que sacar la pelota jugada. Puyol a su derecha. Piqué a su izquierda. Y entre los tres arrancaban un juego de triángulos que desconcertaba al adversario. A pesar de ganarlo todo, de lograr el Zamora en varias ocasiones y de consagrarse como uno de los mejores porteros de Europa, cuando erraba y ese error costaba un gol, el gran público seguía sin estar preparado: «Lo que tiene que hacer un portero es parar».

¿Y algo más?

Neuer y Ter Stegen tocan la pelota como si fueran centrocampistas de precisión. También lo hacen otros como Pau López, Bravo, Lloris, Cillesen, Szczesny y con eso los clubes ganan a un futbolista más cuando el rival decide presionar arriba, algo que es una ventaja BRUTAL, en mayúsculas, en el nuevo fútbol. Otros arqueros costaron 70 y 80 millones: es la época de los Alisson, Kepa, Ederson, Oblak o De Gea... Pero Courtois falla un regate y el gran público exclama: «Lo que tiene que hacer un portero es parar». Algunos siguen sin enterarse de que el gran cambio del fútbol en el siglo XXI ha sido la evolución de ese tipo que lleva guantes.