CARTA DEL DIRECTOR

Francisco Javier Martínez


Invertir en el medio rural

El nuevo presidente de la Diputación Provincial, Álvaro Martínez Chana, asegura que el modelo de inversión de fondos públicos va a cambiar respecto al mandato del popular Benjamín Prieto. El nuevo mandatario provincial asegura que las inversiones se llevarán a cabo siempre y cuando hay un plan de futuro aparejado a los proyectos que se ejecuten. Este planteamiento es muy lógico. De nada servirá destinar fondos públicos al medio rural si no existe una estrategia detrás para sacar rendimiento para el territorio.
Quizás esta reflexión realizada por el presidente de la Diputación en una entrevista a este periódico se refiera al Plan de Mejora de Infraestructuras Turísticas (Plamit), aquel que recuperó un puñado de sitios de valor patrimonial -algunos aún hoy todavía no son visitables, por cierto-, pero que nunca más se supo. Ahí sí se realizó la inversión en el medio rural bajo el aura del desarrollo local y la atracción turística, pero se quedó en el intento. Los proyectos no estuvieron acompañados de otras acciones no menos importantes que la restauración y recuperación de esos lugares. Me refiero a la promoción del resultado del Plamit. Los proyectos no llevaban bajo el brazo ninguna acción más y muchos de ellos languidecen, mientras su repercusión no trasciende más allá de los lugareños y los descendientes del pueblo más próximo.
En Cuenca existen verdaderas joyas en el medio rural, pero que no han sabido ser explotadas de una forma racional ni efectiva. Lugares no muy lejanos tomaron la delantera como La Alcarria, con la floración de la lavanda, cuyo éxito es tal que hasta algunos agricultores empiezan a tener problemas con los turistas que se llevan un ramillete de espliego. Son fórmulas que ofrecen un halo de esperanza a zonas rurales que de otra forma no tienen un futuro próximo muy halagüeño.
Habrá que definir qué modelo de medio rural hay que desarrollar, porque pasan los días y se crean estudios, comisionados -como el que anunció ayer el vicepresidente José Luis Martínez Guijarro-, comisiones y organismos contra la despoblación, pero las medidas concretas sobre el terreno se pueden contar con los dedos de una mano. El plan para aplacar la despoblación debe ser nacional y multidisciplinar, donde estén involucradas todas las administraciones públicas, desde el Gobierno hasta los ayuntamientos y, por supuesto, sin miramientos de colores políticos ni intereses partidistas. De lo contrario, veremos cómo los pueblos desaparecen mientras en los despachos seguimos con lamentaciones y discusiones de si son galgos o podencos. En fin.