Prácticas para lograr un oficio solidario

Hilario L. Muñoz
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Carlos Pardo, un estudiante graduado en Medicina, y cuyo objetivo es trabajar para la ONGMédicos sin Fronteras aprende el oficio sobre el terreno como voluntario de Solman en Togo

Carlos Pardo, con algunos de los jóvenes de Togo con los que trabaja.

Pasar el verano del último curso trabajando es una labor que realizan muchos estudiantes, sobre todo con prácticas cuyo objetivo es aprender en mayor o menor medida su futuro oficio. Cuando la intención es dedicarse a un oficio con una parte de voluntariado y de darse a los demás, estas prácticas implican viajar y trabajar sobre el terreno como un voluntario más, por lo que las prácticas se convierten en un terreno de aprendizaje en lo laboral y en lo personal. Este es el ejemplo de Carlos Campo, estudiante graduado en Medicina en Ciudad Real, y que a sus 21 años ha decidido cambiar España por Togo, para pasar el verano trabajando como médico en un hospital africano de la mano de Solidaridad Manchega (Solman).  
«Uno de mis objetivos al acabar la carrera y la especialidad es el estar trabajando para Médicos sin Fronteras durante un tiempo» pero antes de hacer el examen MIR y «decidir qué especialidad elegir quería tener una experiencia de cooperación para saber qué puede venir mejor o de qué hay mayor demanda en los países donde se llevan a cabo este tipo de proyectos», explicó Campo. Por este motivo optó por seguir la fascinación que levanta África, para «conocer a fondo cómo es su cultura, la personalidad de sus gentes y por supuesto la naturaleza y recursos que tienen estos países». De hecho la intención es entender el sistema de salud africano así como las enfermedades prevalentes en esta zona y que «en España, gracias a Dios, no existen». Como ejemplo, Pardo trabaja en casos de Malaria, que está «en el pico de incidencia más alto del año, lo que hace que las ‘plantas de hospitalización’ estén abarrotadas de gente enferma». Las comillas hacen referencia a que la sanidad en Togo se ofrece en pequeñas casitas cada una destinada a algo diferente.
La Sanidad de Aquiles. La estancia de Campo en África es en Samaragou, donde Solman ha realizado ya muchos proyectos solidarios, un aspecto que facilita la labor de los voluntarios al saber los habitantes de su apoyo. El trabajo se divide en dos partes. Por una parte se encuentra la atención en el centro de salud de Baga, «donde el objetivo es ayudar a la asistencia sanitaria y detectar posibles déficits importantes para realizar futuros proyectos». Por otra hay una apuesta por «colaborar, ayudar y formar a Aquiles», se trata de un agricultor de Samaragou que con dedicación y esfuerzo ha ido aprendiendo, a lo largo de los años y con la ayuda de los cooperantes que han ido llegando, «a tratar las enfermedades más simples o los primeros síntomas de las más complejas, a realizar curas sencillas y a detectar cuándo hay que derivar a alguien al hospital o acercarlo si es una situación urgente».
El egresado de la UCLM apoyado en uno de los vehículos sanitarios de Togo.El egresado de la UCLM apoyado en uno de los vehículos sanitarios de Togo. - Foto: Se trata de una labor desinteresada, apuntó Pardo, quien recordó que la sanidad es privada en el país por lo que es clave el apoyo de estas personas. «Además, la función de Aquiles no queda solo ahí, sino que también se encarga de repartir medicamentos gratuitos a la gente que lo necesite y comida a los más desfavorecidos del pueblo».
Pardo lleva unas semanas en Togo con esta labor de aprendizaje solidario durante las que le ha sorprendido que en una ciudad como esa «todo lo mueva el dinero». «No hay nada que sea más importante que él, ni siquiera la vida; y por supuesto, como seas uno de los afortunados que lo tenga, aquí puedes hacer prácticamente lo que quieras ya que el nivel de corrupción es muy alto», apuntó. Como ejemplo apuntó que «la gente que no tiene dinero para pagarse determinados tratamientos o determinadas pruebas, simplemente hacen que pase el tiempo hasta que la enfermedad avance y acabe con su vida porque no pueden hacer otra cosa». Ejemplos de esta situación hay muchos, como una mujer que tenía comienzo de pie diabético pero no se había hecho la prueba porque debía pagar 6,5 euros por ella, unos 4.500 franco cefas, la moneda del país, y aunque lo supiera tampoco podría tratarlo.
«Como algo positivo, lo que más me llamó la atención cuando llegamos es la forma de ser de estas personas», apuntó el egresado de la UCLM, ya que «con lo poco que tienen son súper felices, mucho más que nosotros». Un aspecto que se une a la riqueza natural que tienen estos países desde los paisajes a los animales.