COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Núñez Feijóo agita la política nacional

Es de agradecer al presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, que haya decidido seguir la tradición implantada hace once años para que las elecciones autonómicas gallegas y vascas coincidan en el mismo día. Los beneficios de esa decisión para ambas regiones son evidentes, desde evitar a los ciudadanos una larga y tediosa campaña electoral de medio año a iniciar un nuevo ciclo político con más empuje,  y desde luego para separarse de las elecciones catalanas que podrían condicionar el debate en las suyas, mientras que entre Galicia y País Vasco no se da una pugna directa porque el electorado mayoritario de una y otra tiene intereses y composición bien distinta.

La decisión de adelantar las elecciones gallegas contribuirá a clarificar el panorama político nacional más si cabe que las vascas, con un PNV que puede consolidar la mayoría absoluta de la coalición con los socialistas y que es socio prioritario e interesado en que a Pedro Sánchez le dure la legislatura. Tanto Alberto Núñez Feijóo, como Alfonso Alonso son dos de los últimos vestigios del ‘marianismo’, junto a Juan Moreno en Andalucía.  En los dos últimos casos porque la convocatoria de las elecciones impidió a la dirección de Génova poner a sus peones al frente de las candidaturas por falta de tiempo. En el caso del dirigente gallego habría sido más difícil justificar el desplazamiento de quien ha conseguido tres mayorías absolutas y, tras perder en las elecciones generales de abril, volver a desplazar del primer lugar a los socialistas en las municipales y en el 10-N. Los resultados le avalan como la cara del sector crítico del PP que advierte contra el exceso de derechización.

Con su currículum, Núñez Feijóo no ve con buenos ojos la estrategia de Galicia Suma para concurrir a las urnas en alianza con Ciudadanos, porque se considera el guardián de todas las esencias del centroderecha. Sin embargo no tendría que echar en saco roto las advertencias del partido naranja de que es preciso no desperdiciar ningún voto en dos candidaturas separadas porque el PP va a tener más caro que en las otras ocasiones repetir la mayoría absoluta. Tampoco es menos cierto que Ciudadanos se desliza por la pendiente en el apoyo de los votantes  y que si no alcanzan ese nivel dependerán del apoyo de Vox, que en las últimas elecciones obtuvo el 8% de los votos, y se repetirá la misma situación que en el resto de las comunidades autónomas en las que gobierna el PP.      

Aunque en las elecciones autonómicas el comportamiento de los electores suele ser distinto, en las dos últimas elecciones generales y en las municipales de mayo, los partidos de izquierdas superaron el cincuenta por ciento de los votos, el PSOE está a diez mil votos del PP y si Podemos y En Marea superan sus discrepancias  –y a ver qué hace Más País- y con la recuperación del BNG, el tripartito es una alternativa posible, lo que provocaría otro terremoto en el seno del PP al perder uno de sus puntos de referencia en el poder territorial. Eso sí, dejaría a Pablo Casado con un poder omnímodo y apenas sin contrapesos.

Si las elecciones vascas ofrecen, en principio, poca emoción con la previsión de que se repita el gobierno de coalición entre el PNV y el PSE-EE, las gallegas han movido el tablero regional y nacional y obligan a la derecha y a la izquierda a concretar estrategias con el PSG y BNG asentados .      



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