COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Alerta de tsunami

Los meteorólogos del proces independentista han hecho la predicción de que se desatará un Tsunami Democrático en el caso, más que probable, de una sentencia condenatoria a los líderes independentistas juzgados en el Tribunal Supremo por el intento de secesión de Cataluña. Bajo el manto de una nueva organización de la sociedad civil, todos los partidos independentistas y la asociaciones que dan cobertura al intento independentista se han sumado a la iniciativa que quieren que mantenga los dos elementos esenciales que han caracterizado sus manifestaciones, la no violencia y la desobediencia civil.

Con la alerta de tsunami ya lanzada habrá que esperar a ver cuál es la altura que alcanzan las olas. Al menos en otras dos ocasiones unas protestas que se presumía que iban a anegar un territorio quedaron en poco más que una fuerte tormenta momentánea. Ocurrió en el País Vasco con la ilegalización de Batasuna, y ocurrió en la propia Cataluña con la aplicación del artículo 155 de la Constitución que intervenía la autonomía, y que apenas encontró resistencia.

En esta ocasión el tsunami puede ser más fuerte pero llegará en un momento en el que las discrepancias entre los independentistas son evidentes en cuanto a cómo es preciso abordar el futuro tras el fracaso dela Declaración Unilateral de Independencia y las diferencias que han surgido entre los huidos de la justicia instalados en Waterloo y los líderes que se encuentran en la cárcel. Ambos sectores y sus partidos representan dos modos diamentralmente opuestos, el de Puigdemont y su vicario Quim Torra se resisten a la convocatoria de nuevas elecciones con la excusa de no desconcentrarse del objetivo fundamental de lograr la independencia, mientras que ERC, tras las victorias en las elecciones generales y municipales -en estas últimas no de forma tan contundente- ve la posibilidad de alcanzar el gobierno de la Generalitat. Una discrepancia que se hace evidente entre JxCAT y ERC ante la hipotética investidura de Pedro Sánchez, con los primero radicalmente en contra y los segundos abiertos a favorecerla pese al no es no a un referéndum de autodeterminación, para evitarla llegada de la derecha al Ejecutivo. El presidente de la Generalitat, en un último gesto de supervivencia política

Tampoco se puede negar que el tsunami puede tener menor entidad porque existe un cierto cansancio y frustración entre la base social del independentismo que se plasma en el menor número de inscritos para participar en la Diada del próximo día 11. Quim Torra trata de levantar la moral de los independentistas con el anuncio, ayer, de que la respuesta que provocará una sentencia condenatoria incluye “trazar en firme el camino hasta la independencia”.

En este intento no dudó en utilizar las protestas de las oenegés de derechos civiles de Hong Kong que han logrado torcer el brazo a la jefa del gobierno autónomo -títere de China- para que desista de aprobar el proyecto de ley de extradición. Se olvida el presidente catalán de lo esencial, de que China sigue siendo una dictadura que limita los derechos humanos mientras que su apelación a que la lucha del independentismo es solo 'democrática' sin referencia a su ilegalidad, ya no cala en los gobiernos e instituciones internacionales y las sentencia europeas se acumulan en su contra.