BAJO EL VOLCÁN

Juan Bravo


El bloqueo y la culpa

Esperábamos que el descanso veraniego pudiera poner fin al bloqueo, digamos, mental, de los dos líderes de la izquierda con miras al tan ansiado gobierno progresista. Pero es evidente que tanto Pedro como Pablo ponen cada día más de manifiesto su incompatibilidad; y que ese gobierno cada vez más se perfila como la mítica ‘Tierra prometida’ en la que jamás pudo poner el pie el profeta Moisés.
Y lo peor es que el desacuerdo se ha escenificado hasta el infinito, con el lógico entusiasmo de Pablo Casado que, al tiempo que se ha dejado la barba, sueña con la Moncloa. De ahí esas incesantes maniobras intentando sumar y sumar, porque si el milagro de Andalucía y el de Madrid fueron posibles, ¿por qué no lo iba a ser el de la presidencia del Gobierno en unas futuras elecciones?  El problema, claro, es Rivera, que ya empieza a ver el tremendo error que ha cometido echándose en manos de aquel mismo que quería desbancar. Como suele ocurrir, los dioses ciegan a menudo a quienes son incapaces de apreciar la distancia a la que vuelan.
Actualmente, y a diferencia de lo que ocurriera hace una década, tenemos ‘políticos’, pero carecemos de hombres con visión de Estado. Tenemos ‘políticos’, en el sentido peyorativo que el pueblo tiene de esta palabra; políticos que en una autonomía no harían mal papel, pero de ahí al ‘Estadista’ la distancia se agranda hasta límites insospechados. El pobre espectáculo ofrecido por los dos líderes de la izquierda y transmitido hasta en sus más ínfimos detalles por los medios de comunicación, convierte la política en juego de trileros. Es como si un cónclave se televisara en directo: adiós espíritu santo, por más humo blanco que saliera. Los trapos sucios han de permanecer en los sumideros, como los desechos de las centrales nucleares. Todos sabemos lo que se oculta detrás de los grandes gestos y gestas. En la Historia rara vez figura la letra pequeña. Escenificar incompatibilidades, despechos e incluso afrentas en el Congreso de los Diputados, cuando todo debería haberse hecho en un ‘Refugio del lobo’, lejos del mundanal ruido, cara a cara, hasta lograr el tan ansiado como necesario acuerdo, es, como mínimo, de mal efecto, y desde luego dice muy poco de la categoría de ambos equipos negociadores.
Confiarlo todo a unas nuevas elecciones generales es como jugar a la ruleta rusa, sobre todo porque el pueblo roza ya el hastío. A este respecto la nueva encuesta recién publicada de Tenzanos, no hace más que echar más estopa al fuego. Afirmar que el único que va a subir en votos es el Partido Socialista, al tiempo que Partido Popular, Ciudadanos y Podemos se dan un nuevo batacazo, parece, como mínimo, un tanto arriesgado. Si de verdad Pedro Sánchez da crédito a la encuesta del CIS, corremos grave riego de que ya ni siquiera intente ese gesto in extremis que muchos esperan, y se lance de lleno como Ícaro a desafiar al sol,  o sea, a los elementos. A él, lo sabemos de sobra, le gusta el riesgo, pero entiendo que no tiene derecho a seguir tentando a la suerte.
Algo, por lo demás, se empieza a mover en el seno de la derecha en el momento de escribir estas líneas, movimientos aparentemente imperceptibles, pero que pudieran hacerse patentes en las próximas horas, y es que, puede que, ante unas nuevas elecciones, el vértigo empiece a hacerse notar también en Vox e incluso en Ciudadanos. Y es que aquí, quien más quien menos cree estar jugando una partida de póquer en la que todos juegan a aquello de «Virgencita, virgencita, que me quede como estoy».
Esperemos, pues, a que, al menos, por aquello de los intereses de partido, se impongan, de una vez por todas, la sensatez y la cordura. Los tiempos no están para experimentos ni para pruebas como pretende ahora Pablo Iglesias pidiendo un gobierno de coalición a prueba por un año. Este señor, evidentemente, está de broma y piensa que todavía sigue en la universidad jugando a las escaramuzas. Veremos y recemos.