EL REPLICANTE

Alejandro Ruiz


Apolo 11, Magallanes y Elcano

Contrito y compungido llevo toda mi vida por no haber vencido el sueño en aquella noche en la que me propuse, sin conseguirlo, quedarme a ver por televisión la llegada del hombre a la Luna, en la madrugada del 21 de julio de 1969, perdiéndome el directo de tan grande acontecimiento, que por el motivo que sea siempre me ha impresionado, ilusionado y encantado, como cualquier cosa que tenga que ver con los viajes espaciales, la ciencia y la ciencia-ficción vinculadas con el futuro tecnológico y la vocación de exploración estelar de los humanos. Solo mi corta edad puede justificar mi magna debilidad de niño muerto de sueño, acostumbrado a irse a la cama con la familia Telerín: «Vamos a la cama que hay que descansar…».
En esto de los viajes a la Luna del programa Apolo también me ha obsesionado siempre el papel de los astronautas que se quedaban solos en la cápsula espacial y no llegaban a pisar la Luna. Siempre me he solidarizado con Michael Collins, el otro miembro de la tripulación y piloto del módulo de mando del Apolo 11, tan cerca y tan lejos de la Luna, sin llevarse la gloria de sus compañeros de aventura, pese a su papel esencial e imprescindible en la misión. Contando a Collins, seis astronautas se quedaron frustrados sin pisar la Luna, y otros doce se dieron sus gloriosos paseos por el satélite, de las seis expediciones que acabaron con éxito.
Expuesta mi afición y especial consideración sobre la relevancia histórica del primer viaje a la Luna y todos los sucesivos del Programa Apolo, vengo aquí a defender que probablemente, aunque no tan espectacular, la epopeya que supuso la expedición de la primera vuelta al mundo de Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano haya tenido más trascendencia para la evolución cultural y geográfica de la humanidad que el mismísimo viaje a la Luna, con implicaciones directas e inmediatas en importantes cambios históricos por el conocimiento geográfico, botánico y zoológico, el avance de las comunicaciones comerciales y la vinculación de unas culturas con otras, con intercambios políticos y movimientos demográficos que originaron por primera vez una visión global de la Tierra.
Y como ocurre con tantos otros pasajes de nuestra propia historia, sin pena ni gloria, casi de soslayo, sin la debida divulgación, por el momento, iniciamos precisamente este año la conmemoración del 5º Centenario de la expedición de la primera vuelta al mundo de Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano, cuyos actos está previsto que coincidan con los tres años de la duración real del viaje, de 2019 a 2022. La conmemoración de la hazaña que supuso la primera mundialización, cuya importancia debería ser divulgada y reconocida por encima del propio viaje a la Luna.