RATAS DE DOS PATAS

Ángel Villarino


Cara negra

El primer ministro canadiense, Justin Trudeau, se disfrazó tres veces de negro a lo largo de su vida, muchos años antes de entrar en política. Ahora, la prensa y la sociedad canadiense han convertido este asunto en un gigantesco escándalo. Las fotografías se muestran como si en ellas estuviese destripando niños.
El propio Trudeu se ha visto obligado a fustigarse en público por su gusto por el maquillaje negro en las fiestas de disfraces. Sin ahorrar adverbios: «Lo lamento profundamente. Me arrepiento totalmente de ello. Siento muchísimo haberlo hecho, debería haberlo pensado mejor. Era algo que no debería haber hecho». El principal opositor de Trudeau, Andrew Scheer, dice que está «extremadamente afectado y afligido» y que su rival no puede seguir gobernando Canadá.
Ha dicho Trudeau: «No pensé que era racista en aquel momento -2001- pero ahora veo claramente que lo era». No me cabe la menor duda de que este mismo razonamiento acabaremos escuchando más pronto que tarde en España.  Acabarán -acabaremos- afeándole a alguien su conducta por el disfraz de una fiesta universitaria de hace veinte años.
Acabaremos importando esta línea roja con la misma naturalidad con la que hemos ido importando todo lo demás. Es absolutamente imposible superar el corte sin haber metido la vida en una habitación a oscuras. Va tan deprisa todo que cualquier cosa que hagamos hoy despreocupadamente es susceptible de convertirse en un pecado con el paso del tiempo.