LA FORTUNA CON SESO

Javier Ruiz


La berrea

El pequeño municipio guadalajareño de Orea ha organizado este sábado un concurso de berrea a capela, es decir, un certamen donde quienes participen habrán de imitar el sonido ronco y voraz que los ciervos utilizan por esta época para cubrir a las hembras en su época de celo. Quien haya asistido alguna vez a este espectáculo fabuloso de la Naturaleza, reconocerá que se trata de una experiencia única, como el tronar de un tambor sobre el llano o el rugido lento que parece salir de las entrañas de la tierra al atardecer. Es otro atractivo que trae el otoño y despierta a finales de septiembre, igual que el membrillo, la vendimia o los tilos. Hay quien huye de esta época del año porque produce nostalgia, melancolía o quejumbre. Nada más lejos de la realidad. El otoño se despliega desnudo ante nosotros y es la madurez de nuestra mirada la que nos permite apreciar o no su belleza. Este año no sólo será cuestión de vista, también de oído. Hay elecciones convocadas y los candidatos parecen machos dispuestos a emitir ruidos para cubrir al electorado. No me lo pienso perder por más que causen fatiguitas.
 Una amiga mía con mucha retranca que viaja en bla bla car y se monta con el primero que pasa por la carretera me dijo el otro día que coincidió con un hombre que iba a participar en el concurso de Orea. Conociendo a mi amiga, no sé cómo no lo obligó a parar el coche inmediatamente y a hacerle una demostración en el arcén. Aunque basta encender la radio y subir volumen para escuchar berridos despampanantes. La clase política española se ha convertido en una especie de concurso del fauno, donde se exhiben con cadencia los machotes de nuestros líderes. Desde el más evidente y macho alfa del Coletas al más cáustico y decadente Casado, que con esa barba parece sacado del Gatopardo de Lampedusa. Entre medias, Sánchez y Rivera. O sea, vaya un tiarrón que es Gastón y el principito de Saint-Exupery, que vierte lágrimas de pena desde que su antiguo socio y amigo le arrebatara la presidencia del Gobierno que ya tocaba con la punta de sus dedos. Rivera es como Ícaro, al cual se le quemaron las alas de volar tan cercano al sol. Ahora se enfada y se cruza de brazos contra la pared como el niño que se lleva la pelota en el recreo porque va perdiendo. Angelito.
 Para completar la carrera de machos alfa aparece Errejón, digno sucesor de Bambi con gafas. Bueno, o con lentillas, que se ha operado. Faltan Rufián, Junqueras y toda la patulea de ciervos que huyeron a los bosques de Valonia. Lo único bueno que tuvo la huida de Puigdemont es que se le ha quedado cara de Manneken Pis, todo el día meando sobre su propio recuerdo y maldiciendo la hora de la república. Los ciervos centroeuropeos no son tan entretenidos como los ibéricos.
 Y por si faltara alguien para la berrea de septiembre, desentierran a Franco, una momia regurgitada de la Historia con timbre atiplado. Lo van a exhibir y pasear ya como ciervo disecado. Los cojones que no tuvieron en vida los muestran ahora con descaro. Bien está lo que bien acaba. Pero sólo faltaba que encontrásemos a Franco cazando jabalíes esta berrea de tanto nombrarlo.
 Con este panorama, el concurso de Orea no puede ser más que un éxito. Creo que iré este sábado a radiarlo y sustituir el sonido de los goles por berridos. Total, no puede haber nada más surrealista que la política de este país. Al final, gana Casado.