COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Rodillo Arrimadas

Los liderazgos políticos son una cuestión de largo aliento. Es muy difícil que un nuevo líder gane unas elecciones o mantenga el tipo con respectos a procesos electorales pasados recién llegado. Si además la renovación se produce como consecuencia de una debacle en las urnas, el empeño de sacar cabeza se hace aún más difícil.

Si se siguen los vaticinios de las encuestas conocidas de cara al próximo 5 de abril cuando coinciden las autonómicas vascas y gallegas lo más probable es que Inés arrimadas al frente de Ciudadanos comience su mandato con dos severas derrotas. En el caso de Galicia, los sondeos prevén que se quedará muy lejos del cinco por ciento que da acceso al parlamento de Santiago de Compostela, después de que el candidato del PP, el presidente Alberto Núñez Feijóo descartara la incorporación de militantes de C’s a las listas. En el País Vasco, Ciudadanos podrá entrar en la cámara de Vitoria porque contarán con puestos de salida al menos en dos de las listas conjuntas, donde se ha producido la fusión fría con el Partido Popular en contraposición con el proceso de absorción que pretendía el PP gallego. “Nanay” ha respondido Arrimadas, pese a que solo por la pretensión de los populares de acabar con la división del espacio de centro derecha se entienden algunos gestos de generosidad.

Que Ciudadanos no conseguirá ningún diputado en Galicia es un hecho, por razones obvias y porque el comportamiento de los electores es distinto según cuál sea el proceso electoral. Pero se puede cobrar una revancha frente al ninguneo del candidato popular si los votos que obtenga -sumados a los del Vox que puede conseguir un escaño- impiden a Núñez Feijóo alcanzar su cuarta mayoría absoluta, o depender de la ultraderecha como en el resto de comunidades autónomas en las que gobierna el PP. Sería un estertor que le podría dar el gobierno gallego a un tripartito de izquierdas, que llevaría al PP a una crisis de liderazgo con damnificados en el ámbito autonómico y en el nacional.  

Con su propuesta de acordar con el PP sobre la base de España Suma, Inés Arrimadas ha comenzado a ejercer de presidenta de Ciudadanos. La elección de los compromisarios para el congreso de mediados de mes ha supuesto un espaldarazo a la decisión de la actual portavoz parlamentaria porque ha pasado el rodillo sobre las pretensiones del vicepresidente del gobierno castellano-leonés, Francisco Igea, que encabeza un sector crítico preocupado tanto por la organización interna del partido, para evitar los comportamientos cesaristas, como por ampliar el arco de cooperación a todos los partidos, es decir, acabar con el cordón sanitario hacia el PSOE, que está en el origen del desastre electoral que se produjo el 11-N.

Inés Arrimadas que contará con la inmensísima mayoría de los delegados no tendrá ningún problema para imponer sus criterios, dirección y programa ideológico. Es propio de un proceso de renovación que los nuevos dirigentes quieran aparentar más de lo que son y considerarse más imprescindible de lo que dicen los datos. La futura líder naranja ya realizó propuestas de imposible cumplimiento porque implicaba para los llamados al acuerdo sacrificios que ella no estaba dispuesta a realizar en solitario, que hubieran evitado la dependencia del gobierno de coalición de los independentistas catalanes.  



Las más vistas

Opinión

Inteligencia

Hoy, ayer… en estos días atentan contra mi sueño diversos interrogantes. ¿El mentecato, nace o se hace?