CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


Incomprensible

Resulta chocante que Pedro Sánchez se mantenga impasible ante los avances de Podemos en el gobierno. No se entiende muy bien que el presidente se quede quieto mientras los ministros de Podemos toman decisiones que chocan con aquello que defendía el Psoe, como algunas cuestiones económicas y sociales, pero sobre todo que no haga el menor gesto de disgusto ante asuntos que provocan profundo rechazo en los votantes de izquierda. Por ejemplo, que Iglesias explique ahora que no respalda el límite de mandatos de los altos cargos, ni su número ni sus sueldos. Atrás ha quedado aquel anuncio de los inicios de Podemos, cuando prometía que los salarios de sus cargos en ningún caso superarían tres veces el salario mínimo –de entonces- y que el resto debería destinarse a las arcas del partido para los proyectos que la dirección considerara oportuno.

Eran tiempos en los que Iglesias y Echenique habían sido elegidos eurodiputados y podía sumar cada uno de ellos una cifra cercana a los 10 mil euros mensuales entre el salario base, los complementos por comisiones parlamentarias y las dietas. Se supone que los dos cumplieron las normas del partido, aunque nunca mostraron documentos que lo demostrara, y Echenique provocó un malestar generalizado cuando se supo que solo pagaba 300 euros mensuales al hombre que le asistía en sus tareas de tipo personal y no le había dado de alta en la seguridad social. Agua pasada, pero que se recuerda siempre que los dirigentes podemitas demuestran que, a pesar de lo que pregonan, les gusta contar con buenos ingresos y llevar una vida propia de burgueses de nivel económico muy por encima de la media.

Sin que Pedro Sánchez haya tenido un gesto de contrariedad, Pablo Iglesias avanza en áreas de influencia que recuerdan el día en que, mientras el Rey despachaba con Pedro Sánchez sobre su posible investidura –hace tres años- Iglesias comparecía ante la prensa rodeado de su plana mayor advirtiendo que exigiría a Sánchez los ministerios más relevantes, además del CNI y RTVE. Sánchez, muy molesto, no hizo ni caso y se convocaron nuevas elecciones que ganó Rajoy con mayor margen que las anteriores.

Hoy, sin que Iglesias haya exigido públicamente aquel inmenso poder, lo ha conseguido a base de sonrisas, compadreo con el presidente, buenas palabras y golpecitos en la espalda. Ha colocado a toda su gente con estupendos salarios y sus ministros aprueban lo que les parece oportuno sin respetar el programa electoral del Psoe ni algunos aspectos del acuerdo de coalición. Y Sánchez ni se inmuta.

Como nada de lo que pasa por la cabeza del presidente es a humo de pajas, solo cabe pensar que Sánchez está a la espera de que Iglesias se estrelle. Porque otra razón, que tenga miedo a que Iglesias rompa la coalición y le mande a casa es impensable: Pablo Iglesias está encantado con su nueva condición de gobernante. No renunciaría a ella ni harto de vino.