EN VERSO LIBRE

Francisco García Marquina


Una manzana

Como complemento del Día de la Mujer me parece interesante aportar algunos datos sobre las relaciones de los dos sexos a lo largo del tiempo, bien entendido que va a resultar una amalgama entre historia, leyendas, psicología e ideas personales sin pretenden sentar lección alguna.

El inicio mítico del conflicto se encuentra en Eva, como culpable de que la humanidad fuera arrojada del paraíso a través de aquella manzana prohibida. Bien vistas las cosas, Eva solamente actuó de intermediaria entre la serpiente y Adán, lo cual es un atenuante. Pero Eva aparece ya como un ser capaz de seducir y de dañar, por la que el hombre siente tanta atracción como temor. Es posible que la violencia del varón sea un acto defensivo por su propia debilidad.

Afrodita está llena de encantos pero también de peligros. Como las empusas, las ogresas, las brujas, las amazonas, las sirenas y las «mujeres del mar» que devoraban a los navegantes. En la literatura griega a partir de Pandora hay en los hombres una misoginia defensiva que ocasiona reacciones estrafalarias como la de Hipólito, el personaje de Eurípides, que quiso excluir a las mujeres de la maternidad, «comprando las semillas de los hijos» y sustituyendo el útero de la mujer por el de la Madre Tierra, que equivale a la Patria.

Esta misoginia deriva hacia la homosexualidad y también hacia las relaciones zoofílicas como en la mitología griega la del efesio Aristón Aristónimo, que copuló con una burra, y en la mitología romana la de Fulvio Estelo, que lo hizo con una yegua. Tales relaciones resultaron fértiles según narra la Paralella Minora del Pseudo-Plutarco y alumbraron a dos doncellas: Dnoselbe en el primer caso y Onoscelia en el segundo, que fueron muy bellas pero con pezuñas.

Este incitante riesgo de la Diosa, entre belleza y maleficio, unido a la secular sabiduría del esclavo y la feminidad es posiblemente lo que la mujer tiene de fascinante para el hombre. Porque aparte de la sexualidad puramente funcional, existe lo específicamente femenino, que no es una fantasía romántica porque tiene una base hormonal, como la masculinidad en el varón.

Aunque los trabajos sean intercambiables, como muestra esta modernidad de hace dos mil años en Los prodigios más allá de Thule, donde Antonio Diógenes relata el viaje de una pareja de aventureros por un mundo de prodigios, y en el pueblo de los Artabres, descubren que allí las mujeres guerrean mientras los hombres se quedan en casa con el trabajo doméstico.

A la pugna secular de sexos en la que el rijo y la fortaleza física del hombre humillaron a la mujer, está sucediendo su afortunada rehabilitación. Mujeres y hombres somos piezas complementarias y es penoso que para reivindicar derechos en las mujeres haya sociedades feministas como la que propone Valerie Solanas en su «manifiesto SCUM» que significa «Asociación para descuartizar a los hombres ».

Apuesto por las iniciativas para eliminar las barreras que se oponen al pleno desarrollo de la mujer en la sociedad. Pero de las manifestaciones bajo pancarta me queda la impresión de que hay quienes reclaman la igualdad de derechos para conseguir la desigualdad de trato.