CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


Nuevo fracaso

El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Tanto los dirigentes del PSOE como los de Podemos sabían que no había nada que hacer, los dos mantenían posiciones inamovibles: Podemos exigía entrar en el gobierno –qué ocasión perdida la de julio… - y Sánchez, tuvo tiempo de reflexionar en verano que aquello que estuvo a punto de aceptar era un disparate. Imposible gobernar con Iglesias como socio de coalición. Aunque no estuviera él dentro del gobierno, sino a través de persona interpuesta, su mujer, y tres dirigentes más de su absoluta confianza.

También reflexionó Sánchez –parece mentira que no se hubiera dado cuenta antes- que ni siquiera podía aceptar el “sí” de Podemos a la investidura para pasar a la oposición, porque sería incapaz de sacar adelante asuntos de la máxima relevancia como los Presupuestos, las medidas a adoptar tras la sentencia de los independentistas, o las decisiones respecto al Brexit.

Podemos se sabía perdido si no entraba en el gobierno, su imagen quedaría por los suelos porque se habían presentado como seguros cogobernantes. Por eso aceptaron un nuevo encuentro. No les convienen unas nuevas elecciones, pero presentarse como un partido humillado por Pedro Sánchez era la peor de las salidas.

Tropiezan unos y otros en la misma piedra, se trata de una historia que ya han vivido. Precisamente la falta de sintonía en las ocasiones anteriores es lo que ha provocado la desconfianza mutua entre Sánchez e Iglesias, así que no ha sorprendido excesivamente que la coalición se haya ido al traste.

Lo que importa ahora a Podemos y a PSOE es acudir a las elecciones sin el lastre de ser acusados de boicoteadores de un gobierno de izquierdas. Durante tres años es lo que Sánchez ha echado en cara a Pablo Iglesias, y explicaban los de Podemos antes de este nuevo intento que ha llegado la hora de explicar que era Sánchez el que impedía un gobierno progresiste, hasta el punto de que Podemos estaba dispuesto incluso a aprobar la investidura.

Todo ha sido puro teatro todo, cuando se analiza lo ocurrido en las últimas semanas se llega a la conclusión de que lo que esperaba Sánchez era formar un gobierno con Ciudadanos, partido que detesta pero con el que podría aprobar algunas iniciativas que de ninguna manera aceptaría Pablo Iglesias. El problema es que Albert Rivera no tiene ninguna confianza en la capacidad de gobernante de Pedro Sánchez, lo considera un político mediocre y sin proyecto viable; por no hablar de las antipatías personales mutuas, más decisivas que las diferencias políticas.

Así que vamos a elecciones. Sin ninguna garantía de que cambie excesivamente la situación. Subirán PSOE y PP, pero los dos bloques quedarán más o menos igual. Aunque quizá Sánchez pueda cumplir su sueño de presidir un gobierno de centro izquierda, visto que la actual izquierda radical no está por la labor de darle su confianza.