OLCADERRANTE

Fernando J. Cabañas


Retrocediendo

Cuando yo era joven y tenía alumnos que no rendían lo mínimo imprescindible, les decía que o cambiaban o su futuro estaría vinculado a ser conserje de estanco. Recuerdo a uno que tras vaticinarle su porvenir me miró sosainamente y me aclaró que esos establecimientos no tenían ordenanzas. Los demás le aplaudieron al grito de ¡Torero, torero! Pasado mucho tiempo de aquello y cuando para mí lo más objetivo es que ya no soy joven, se da una situación singular. A mi juicio, hoy en día cada vez son más los potenciales candidatos que la sociedad genera para aquellos puestos de trabajo ya inexistentes entonces. Sin embargo, actualmente hay muchas prohibiciones para fumar, existiendo por tanto menos expendedurías y lógicamente menos posibilidades laborales para estos fenómenos. Qué falta de previsión la de nuestros gobernantes. Otra diferencia reside en que mientras que en aquellos tiempos dichos alumnos suspendían, hoy aprueban ¡y con nota! 
Cierto es que percibo el nacimiento de nuevos puestos de trabajo de similares características para un colectivo cada vez más abundante y además, ahora, ¡titulado! Hace días, en una capital europea contemplaba cómo en muchas calles una persona, con buena presencia, custodiaba un máximo de 4 urinarios ubicados en esas casetas blancas o azules tan típicas de nuestras playas. De ellas, una la tenía ocupada a modo de ¡oficina! llena de papel higiénico, toallitas, libros ¡una silla y una mesa! Lo que da de sí un metro cuadrado. Las otras las alquilaba, para uso y disfrute del personal, por 35 céntimos. Sorprendido por ese negocio desconocido para mí, estuve más de diez minutos observando sin que en ese tiempo nadie las usase. ¡En la calle principal de la ciudad! Los tiempos evolucionan, los negocios se reconvierten y la cualificación de sus responsables aumenta. ¿Pa qué? ¡Pa na! Retrocediendo