RATAS DE DOS PATAS

Ángel Villarino


¿El fin del trabajo?

Hay un prototipo de robot albañil que ya levanta muros de ladrillo en tiempo récord. El robot reponedor deja listas las líneas de los supermercados en cuestión de segundos y no tiene que parar para ir al baño. El robot panadero amasa, hornea y añade la cantidad justa de levadura. El robot camarero sirve la comida sin equivocarse nunca de comanda. El robot cuidador lleva incorporados sensores para detectar problemas médicos y actuar en consecuencia. El recepcionista no cobra horas extras los fines de semana...

Los expertos en inteligencia artificial pronostican que a estas y otras profesiones les quedan apenas 15 años de vida. Dicen que la productividad aumentará de manera exponencial, que las empresas se ahorrarán salarios y costes estructurales y que sus resultados se dispararán en bolsa. Al mismo tiempo, se arruinarán los sistemas públicos de pensiones y los estados tendrán que decidir qué hacer con las legiones de parados: una renta mínima o algún tipo de plan de reconversión para adaptarlos a un futuro laboral en el que máquina y tecnología vayan de la mano.

Mientras todo esto ocurre, Estados Unidos acaba de cumplir 101 meses consecutivos de creación de empleo, un récord histórico que ya batió en agosto. El mercado laboral americano tiene un paro del 3,8%, por debajo de niveles considerados «estructurales». Es más: en Estados Unidos hay ya más empleos disponibles que trabajadores en paro (7,3 millones contra 6,3 millones).

Contaba la semana pasada el periodista Argemino Barro, afincado en Nueva York, que muchas empresas no saben dónde encontrar empleados, así que están mejorando los salarios y las condiciones. Ponía como ejemplos algunos sectores donde en teoría están a punto de desembarcar los robots: la construcción, la hostelería, o el sector sanitario. Walmart, explicaba, ha anunciando que pagará 87.500 dólares al año a los camioneros porque no consigue trabajadores para llevar sus mercancías por todo el país. No hay que descartar que los primeros en ser sustituidos por robots sean los expertos, los economistas o los propios periodistas.