DESDE EL ALTO TAJO

Antonio Herraiz


El pecado del bisoño

Los barones regionales, cuando gobiernan, son más reyezuelos que barones. En cambio, si no pisan moqueta, apenas forman parte de la pequeña nobleza. En definitiva, el vulgo siempre pone a cada uno en su sitio: en lo alto de la montaña rusa o en la absoluta insignificancia. Es más complicado que un paisano de Tobarra o de Molina de Aragón sepa quién es el líder del PSOE de Galicia que acierte la combinación del Euromillones. En cambio, Feijóo no necesita presentación. Por las mismas razones, dudo mucho de que la mayoría de los vecinos de Burela o de Vilagarcía de Arousa conozcan al presidente del PP en Castilla-La Mancha. García-Page, fijo que les suena, aunque sea de lejos. Hay casos excepcionalísimos, como el de la líder del PSOE en Andalucía, cuyo pasado todavía resuena en la memoria de la mayoría de no andaluces, más aún en la cabeza de los sanchistas, a la que siguen viendo como una mosca cojonera. Sin poder, pero todavía con margen para tocar las narices ampliamente. 
Lo que es una obviedad, se le ha olvidado a más de uno en las últimas horas cuando ha llegado el momento de confeccionar las listas para el 10 de noviembre. De haberlo tenido en cuenta, se habrían evitado cabreos e incluso sorpresas, que de todo ha habido. Paco Núñez no es el responsable único -pero si el último- de los batacazos del PP en las últimas elecciones que le han tocado lidiar ya como presidente. Con poco más de un año en el cargo, ha tenido que liderar un barco a la deriva en unas generales -más las que vienen-, las municipales y autonómicas y también las europeas. En todas las comparecencias, su partido ha salido derrotado, en algunos casos, por una sonora goleada. Con este bagaje, era de esperar que desde Génova forzaran algún cambio. Por aquello de tratar de mejorar los resultados, que no se antoja demasiado complicado. Esto es de un manual muy básico. Si no puedes cambiar el entrenador, al menos, sí introducir leves variaciones en la alineación titular para tratar de dar la vuelta al marcador.
Paco Núñez se ha presentado a este trance de la confección de listas sin ningún galón en su solapa y no ha tenido más remedio que envainársela, fundamentalmente, en Guadalajara. No le ha faltado ingenuidad. En esta provincia, pretendía mantener a la misma candidata que encabezó la lista al Congreso el pasado mes de abril y se ha resistido hasta el final. Contaba con la presión incansable de la presidenta del PP provincial, Ana Guarinos. Trabajo en balde, porque no tenía nada que hacer y el bofetón que le han pegado desde Génova se ha escuchado hasta en todos los rincones de la región, desde Orea hasta Hellín y desde Almuradiel a Oropesa. Al final le han colocado a José Ignacio Echániz, ex consejero de Sanidad con Cospedal, que en la primera vuelta de estas generales no salió elegido por Madrid y tuvo que esperar a las bajas y a las carambolas para entrar como diputado en el Congreso. Es un hombre de la máxima confianza de Casado, uno de los que más le apoyó en su carrera frente a Soraya Sáenz de Santamaría, y, con esta estrategia, tiene garantizado el escaño sin esperar movimientos poselectorales. 
En la fontanería del PP cuentan que Núñez no tiene ni medio motivo para la queja. Si quiere ver circunscripciones en las que el aparato se ha impuesto a los territorios, que mire al País Vasco. Él, al menos, ha conseguido controlar la lista de Cuenca, que estará encabezada por Beatriz Jiménez Linuesa. En el resto, ha pecado de bisoño. Y de la falta de galones.