EL REPLICANTE

Alejandro Ruiz


La línea de la honradez

Salgo el pasado domingo a dar un paseo por el Parque Lineal de Albacete, zona muy concurrida de personas de todas las edades, ancianos, niños, caminantes y corredores, en una mañana soleada y espléndida. Salgo con abrigo, por la rutina invernal de abrigarse, e inmediatamente me percato del error. Me quito el abrigo, lo doblo y me lo apoyo sobre el brazo a modo de parapeto navajero, con tan mala fortuna que en algún momento del paseo mi cartera billetera se desliza del bolsillo y la pierdo, junto con la funda de mis gafas de sol. Cuando percatado del desastre retrocedo rehaciendo el camino andado, encuentro solo la funda de las gafas, lo que me confirma la pérdida y el hecho incuestionable de que alguien ha encontrado mi cartera y se la ha llevado con todo su contenido: doscientos euros, mi DNI, mi carné de conducir, dos tarjetas bancarias, una tarjeta bancaria de coordenadas, mi tarjeta de la Seguridad Social, mi carné profesional, mi tarjeta de El Corte Inglés, varios boletos de los sorteos de Primitiva, Bonoloto y Gordo, y unas cuantas tarjetas profesionales de visita con mis datos personales identificativos y mi número de teléfono.

Como hasta la fecha nadie me ha llamado para devolverme amablemente lo que he perdido, pese a la facilidad identificativa que le ofrecen mis datos personales y mis tarjetas de visita, deduzco que el afortunado y ejemplar ciudadano se ha apropiado de mis doscientos euros y ha tirado el resto o, en el mejor de los casos, habría dejado la documentación en algún lugar visible o en un buzón de Correos permitiéndome recuperar tan magno tesoro documental.

Lo que me lleva a la profunda reflexión sobre el límite de la honradez del común de los mortales, convencido como estoy de la normal personalidad de quien encontró mi cartera, dado el perfil general de quienes compartían el parque conmigo esa mañana. Tal vez una persona educada y habitual cumplidora de las normas sociales más básicas, sin antecedentes penales, a quien me imagino reiteradamente indignada viendo las noticias de los telediarios cuando nos informan de cualquier acto de corrupción de tal o cual político, o rezando en misa los domingos, o comprometida e interesada por la defensa de todos los derechos identitarios, o preocupada por el cambio climático o la paz y la justicia en el mundo, cuando, de repente, resulta que bastaba la oportunidad de apropiarse de doscientos euros para cruzar tan campante la línea de su propia honradez.

Gracias querido o querida conciudadano o conciudadana por mostrarnos que cada español lleva un corrupto en potencia en sus entrañas. Y recuerda que tú también eres Gürtel, eres Filesa, los ERE, Bárcenas y Pujol. La misma repugnancia vomitiva por doscientos putos euros.