LOS POLÍTICOS SOMOS NOSOTROS

Enrique Belda


Encuestas y medios: objetividad de brocha gorda

Muchas reacciones, tanto ampollas como parabienes, han levantado opiniones (absolutamente generalizadas y pacíficas en la doctrina científica) de días pasados, donde me sumo a la advertencia general de un riesgo real y objetivo de división del voto que favorece al PSOE en las circunscripciones pequeñas. Es así, y ello no dificulta que cada cual vote a lo que quiera. Faltaría más. Lo que sucede es que todos estamos muy acostumbrados a las verdades absolutas porque los partidos y los medios de comunicación viven de decir que los grises diluidos, o bien son blancos, o bien son negros. Y la cruda realidad es como es. Miren varios ejemplos, entre miles: las encuestas aciertan en la tendencia de voto que marca una subida del PSOE a costa de Podemos, pero la realidad que nadie nos cuenta es que el mayor aumento se produce por la inhibición de voto de amplios sectores de españoles que están asqueados de la mayor parte de políticos de ahora, y se van a abstener. Así, con el voto de centroderecha dividido, el PSOE puede subir como la espuma. Otra: es cierto que el PSOE se va a llevar a muchos senadores a su causa, pero eso no es tanto porque el voto de centroderecha se divida, que también, sino porque la gente, desde 1978, practica una suerte de ‘donkey vote’ o voto del burro, en el que no se molesta en seleccionar a los candidatos/as a senadores mejores, y hacen seguidismo de lo que les dice su partido más próximo.
No creo que eso sea malo para casar las voluntades de Congreso y Senado, pero contrasta mucho con todos los sabiondos que arreglan el país en los bares, y que luego no saben tomar una mínima decisión en cuanto se le abren las listas. Más ejemplos: Vox hace circular, y es su deber hacerlo como partido, ‘pruebas matemáticas indudables’ que le adjudican escaños en las provincias pequeñas, y desde medios afines a la izquierda se da crédito y difusión a ello porque conviene: nada nuevo bajo el sol, pues el PP utilizaba de manera parecida hace unos años el riesgo de Podemos (la pequeña lagunilla del asunto es que estas cosas se van de las manos y la gasolina explota en la cara del incendiario).
La verdad, única, es que habrá que esperar a ver cuántos de los que se quedan en casa, al final salen a apostar por cualquiera, y entrar en el sindiós de que se pierdan restos de todos, menos del que se quede primero en cada circunscripción. Y mientras, avanza la campaña y seguimos sin que los medios saquen los esfuerzos de los partidos por decir algo en materia de empleo y economía. PP y PSOE lo están haciendo, y el primero está afirmando con más claridad que nunca la necesidad de proteger los derechos sociales y fomentar el trabajo a base del crecimiento, mientras el segundo quiere lo mismo pero que lo pague usted. Claro que se habla de Cataluña, pero igual que decimos que pasa en la política de Barcelona, la vida sigue, y los ecos de los demás temas se pierden en las noticias de candidatos depurados o montajes diarios donde una parte descontextualiza lo que la otra ha dicho. Esto tiene que cambiar mucho: hasta que no lleguemos a tratar descarnadamente los ejes básicos de la gobernanza, hablando directamente de lo que en realidad puede hacer la clase política, estaremos mareando al electorado en el circo del detalle intrascendente.