COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


El Gobierno da luz y taquígrafos

21/04/2020

Podría afirmarse con el expresidente del Gobierno, Felipe González que “Gato blanco, gato negro, lo importante es que cace ratones” y que bien sea una mesa para la reconstrucción o en una comisión parlamentaria el resultado sea que los ciudadanos puedan comprobar la voluntad de los partidos por llegar a un acuerdo que minimice las consecuencias provocadas por la epidemia del Covid-19.

La decisión del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, de aceptar las condiciones del líder de la oposición, Pablo Casado, de que su propuesta de mesa de partidos se convierta en una comisión parlamentaria deja en nada las críticas que ha realizado el PP desde que el jefe del Ejecutivo lanzó la iniciativa de formalizar unos pactos para la reconstrucción que había sido calificada como "un trampantojo", "un señuelo", o la habían desdeñado como una forma de Sánchez para mutualizar los errores al abordar la gestión sanitaria y que en ningún momento tenía un verdadero interés en lograr el pacto. Sánchez ha aceptado la exigencia del PP de que las reuniones se desarrollen con luz y taquígrafos, lo que aleja la imagen de una reedición de los pactos de La Moncloa, en una situación política y socioeconómica bien distinta.

La consecuencia directa de la remisión del pacto a una comisión parlamentaria es que se puede acortar el tiempo para la adopción de medidas de consenso en los ámbitos previstos, sanitario, económico social y europeo, porque sería el Congreso en todos los casos quien las tendría que validar.

Pedro Sánchez ha tenido un gesto de reconocimiento a la petición del principal partido de la oposición y ahora corresponde al PP demostrar que tiene voluntad de acordar. De una mesa extraparlamentaria -que podría tener también sus ventajas- el Partido Popular se podría levantar; de una comisión parlamentaria lo tiene más difícil, y sus votos serán el reflejo de sus intenciones. Según Casado lo que Sánchez pretendía era forzar al resto de los partidos a aprobarle una revisión de su programa de gobierno a medio plazo. El riesgo de la posición de Casado es que él también trate de imponer su política económica y fiscal, que está en las antípodas de la que mantiene el gobierno de coalición PSOE y Unidas Podemos. Con la defensa de las medidas adoptadas en la salida de la crisis bajo el gobierno de Mariano Rajoy y las discrepancias mostradas por las comunidades autónomas gobernadas por el PP sigue sin haber muchas esperanzas para el acuerdo.

Casado, que no ha avalado a su portavoz parlamentaria que pedía que Sánchez se someta a una cuestión de confianza, -que solo puede pedir el propio presidente del Gobierno-, considera que esta vendrá por la vía de los hechos si sus socios parlamentarios no le permiten sacar adelante las propuestas que realice en la comisión que ha de crearse en el Congreso. Pero si le avalan sus propuestas los partidos que le dieron su voto en la investidura o incluso si logra el apoyo de Ciudadanos, sin la aquiescencia del PP, no habrá sido posible el pacto y que los ciudadanos comprueben que los principales partidos caminan juntos para salir de la crisis que ya se vive. Si el Gobierno no logra convencer al menos a sus socios de aluvión no le quedaría más remedio que proceder a la convocatoria de elecciones.