ÁNGULOS INVERTIDOS

Jesús Fuentes


Una página de la historia

Durante el mes de febrero y marzo, en Benacazón, se ha desarrollado un ciclo de conferencias apasionantes. Pensadas y organizadas, con acierto histórico, por Martín Molina López. Las historias, contadas en cinco días intensos, giraron sobre una organización política española que acumula 140 años de existencia. ¿Ciento cuarenta años puede cumplir un partido político en una España tan voraz y destructiva en la política? Pues, sí. Y se trata del PSOE.
El PSOE, junto con el SPD alemán, ha construido  una  parte la Historia de Europa del siglo XX y del XXI. Son depositarios, en consecuencia, de un bagaje intelectual y moral difícil  de superar. Para permanecer tanto tiempo, el PSOE tuvo que adaptarse  a las nuevas realidades que se sucedían en tropel en estos años. Normal es que en  tiempos tan apasionados y feroces se cometieran errores, algunos más peligrosos que otros, y también aciertos, unos más progresistas que otros. Todo normal en un territorio, el de la política, cuajado de trampas, de giros imprevisibles, de derrotas y éxitos, de intrusiones de delincuentes al amparo del manto ambiguo de la política y de los  eternos arribistas que surgen en cualquier actividad humana. Ciento cuarenta años, con una guerra por medio, es un buen aval para celebrar, incluso en la actualidad,  la dimensión utópica de la mayoría de sus afiliados.
En la provincia de Toledo, devastada por la guerra civil, a algunos les tocó en esta historia el papel de organizadores del PSOE y UGT. Tuvimos cuidado, eso sí, en que se mantuviera el vinculo de unión con los socialistas del exilio. Hubo que cruzar la provincia, de noche o con luz, con lluvia, frío o calor, en días  laborables o festivos,  para avivar las ascuas ideológicas que ocultaban los escombros del miedo y la represión. Asustaba ir a aquellos lugares, aparentemente vacíos, siempre oscuros, agrestes unos, destartalados otros, de la Jara, de Ocaña, de la Sagra, de Torrijos o de la Mancha y percibir, primero, un silencio aterrado, para, después, ir descubriendo, lentamente,  a las personas, antiguas o actuales, dispuestas a comprometerse con los valores del socialismo. Algo de épica tuvo aquello. Resultó una experiencia irrepetible que contamos, en la última conferencia del ciclo, Francisco Ramos y yo mismo. Más tarde, un viento impreciso de organización territorial y poder personalista  desnaturalizaría esa arquitectura y  difuminaría los hechos. Sin embargo, cuanto contamos en la conferencia  ocurrió entre nosotros y por  otros, que escribimos esa página.