TRIBUNA LIBRE

Fernando Jáuregui

Escritor y periodista. Analista político


Métodos como de CIScescu

16/04/2020

Soy poco partidario del 'piove, porco Governo', de culpar al Gobierno de todo lo malo que nos ocurre a los ciudadanos. Y me horroriza la simplificación de un sector extremista de la muy partida en dos sociedad española que achaca al Ejecutivo 'social-comunista' (cómo les gusta repetirlo) hasta la responsabilidad de los muertos por la pandemia. Pero tengo muy claro, una vez dicho esto, que permitir que un solo gobernante, en solitario y apoyado apenas por su círculo íntimo, sea el que rija nuestros destinos en estos momentos tan delicados y tome decisiones que afectarán sin duda a nuestros hijos, nietos y tal vez biznietos, es una irresponsabilidad de la que ya vamos viendo algunas consecuencias.

Porque el poder en solitario se convierte pronto en un poder absoluto y de ahí a la autocracia media apenas un paso. Mire usted cómo el sano ejercicio de la crítica a la acción de los poderes que gravitan sobre nosotros, desde el inquilino de La Moncloa hasta las televisiones públicas, pongamos por caso, se considera ya una especie de traición a los esfuerzos que nuestros gobernantes hacen en nuestro beneficio: si nos recortan las libertades es por nuestro bien, si edulcoran los mensajes es para desdramatizar una situación que la ciudadanía percibe como terrible. Todo por el pueblo, pero, de momento, tiene que ser sin el pueblo; si usted critica esto, se alinea automáticamente con Vox y las cavernas, las turbas. Y se coloca usted contra una mayoría de los ciudadanos, te dicen, encantados con el Gran Padre, que es también el Gran Hermano.

Y, si no lo cree, te espetan, mire usted los resultados de esa encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas, que conceden un masivo apoyo popular a los por lo visto 'necesarios' tijeretazos a libertades como la de expresión.

Conste que nada tengo contra el responsable del CIS, a quien reconozco una capacidad técnica muy superior a la mía a la hora de valorar una encuesta. Pero la última es, la juzgue quien la juzgue, simplemente un despropósito: resulta que más del noventa por ciento de la población lleva 'muy bien' o 'razonablemente bien' el enclaustramiento; y ¿cómo es posible que un 72 por ciento de los españoles crea que su situación económica personal será igual o mejor que ahora dentro de un año?. Eso, sin contar con ese apoyo ciudadano que el sondeo otorga, por casi un 67 por ciento, a obligar a que las noticias sobre el coronavirus solo procedan de fuentes oficiales, y no de los 'bulos' de redes sociales y medios de comunicación, etc. Parecería, a tenor de los resultados que nos ofrece esta encuesta, que los ciudadanos nos hemos vuelto locos. Y, de momento, eso no consta. Excepto en esta encuesta del CIS, claro.

La impunidad y el desparpajo con los que se nos dan tales resultados (¡elaborados por un instituto público!) son una muestra más de los peligros de que esta situación tan grave se gestione en solitario por un Gobierno en el que se aprecian al menos dos velocidades, dos talantes y, a veces, pocos talentos. La gestión de la crisis y de las calamidades, no sólo económicas, que nos acechan, le viene grande a este Ejecutivo. Iba a decir que casi a cualquier Ejecutivo. Creo que Sánchez, que todavía se aferra a la tabla de falsa salvación de su arrogancia y al salvavidas de su maltrecha coalición con Podemos, ya lo va entendiendo.

Y, ahora que entramos en conversaciones para llegar a un pacto, Pablo Casado también deberá entender que no puede perder esta oportunidad de echar una mano -decisiva- para arreglar los problemas que van a llover sobre nuestras cabezas, evitando el personalismo de este Gobierno. Tiene ahora el poder de exigir condiciones, incluso muy duras, para forzar ese pacto que Sánchez no podría rechazar. Y, si lo rechaza, allá él: sabe que lo pagaría caro. Y si Pablo iglesias, pongamos por caso, es el gran problema -tampoco creo que sea al principal obstáculo, aunque obstáculo sea--, pues minimícese su omnipresencia con otras presencias, de distinto signo, en el Ejecutivo. Se puede hacer, se debe hacer.

Pero esto, este CISco, estos métodos como de CIScescu -los 'memes' con juegos de palabras más o menos graciosos, corren por las redes como liebres--, este aprovechamiento del poder mientras se lo permitan, no puede durar ya más. ¿Nos oye, señor Casado? ¿Nos escucha, señor Sánchez?



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