PAISAJES Y PAISAJANES

Antonio Pérez Henares


Adiós a las fiestas

01/05/2020

Ocho siglos y medio largos, 858 años para ser exactos, llevaba celebrándose la Caballada de Atienza que conmemora la puesta a salvo del Rey Niño, después el gran Alfonso VIII el de la Navas, por los arrieros de aquella villa entonces cabeza y fortaleza de la extremadura castellana. No hay constancia de que hubiera año, quizás pudo haberlo pero por escrito no está y hay documentos desde el día de su fundación, en que la Cofradía de Recueros no saliera en procesión y fiesta hasta la ermita de la Virgen de la Estrella. Pues, con gran pesar, este año no habrá Caballada, ni desfile, ni misa, ni subasta, ni galopadas con la Peña Fort de fondo por en medio de los trigales, que mira muy hermosos que están.
Porque esta primavera es gloriosa en los campos y en los bosques. Pero las ciudades y los pueblos de los hombres están silenciosos, mustios y asustados. La humanidad está acurrucada en un rincón. No hay fiesta que valga ni siquiera esas que se mantuvieron a pesar de guerras, hambrunas y pestes, porque peste también tuvieron que soportar. Cayeron las Fallas, la Semana Santa y ahora ya todas las de primavera, San Isidro y las que vienen después. Aquí han caído la Caballada, el Corpus toledano, el festival Medieval de Hita, que cumpliría 60 años y por ahí, ya en julio no se ha salvado ni san Fermín.
Hablar de ello con la mortandad y la ruina cayendo sobre nosotros puede parecer hasta impropio. Pero es la evidencia palpable de la profundidad del impacto que estamos, aunque aún no lo alcancemos a percibir del todo que estamos sufriendo y ¡ojo! que vamos a sufrir. Porque esas fiestas canceladas son la paletada de tierra sobre la hecatombe económica que está en la calle y que nos vamos a encontrar en cuanto acabemos de bajar del balcón. Sin saber siquiera, además cuándo y cómo podemos siquiera comenzar a arrancar. Porque esto de desescalar ni yo ni nadie sabemos muy bien ni lo que quiere decir el palabro ni por donde y a donde nos va a llevar. Como eso otro de la «Nueva Normalidad» que tiene la pinta de que es cualquier cosa menos eso, Normalidad, y más bien es un gato por liebre que nos quieren colar. Un bulo de los que dice nuestro gobierno que hay que perseguir y ellos no se cansan de inventar.
Este lunes dicen que entra por fin el calor. Visto lo visto de lo que es la ejecutoria de nuestros próceres al mando parece algo más sensato, amén de nuestra propia precaución, el poner en el sol una esperanza que ya es de mentecatos poner en ellos. Por ese lado lo único esperable es que no lo hagan aún peor de lo que lo han hecho desde que esto comenzó. No era el bicho fácil de lidiar pero lo que han hecho es para la bronca más monumental que en plaza se haya visto jamás. Y para que no volvieran por los restos a torear.
Que esa es otra. Si las fiestas primaverales pérdidas están, ¿qué va a ser de las del verano? Pues nada se sabe pero no es que pinte bien tampoco y no quisiera en esto ser agorero pero en la Nueva Normalidad no sé si los encierros, pongamos que hablo del más famoso de toda la región, el de Brihuega, ni las grandes fiestas y ferias de agosto, la Virgen y san Roque, el día 15 es cuando más fiestas se celebran por toda la geografía hispana, tienen seguridad alguna de que se van a poder disfrutar. Porque la fiesta en España es multitud, aglomeración, abrazo, cercanía, en suma, humanidad y si no hay eso pues no hay fiesta ni hay nada que celebrar.
Si algo define a nuestra tierra es lo rural, aunque haya ciudades patrimonio de la humanidad con más razón que cualquiera, y en esa ruralidad es donde esa ausencia de la fiesta del pueblo es algo que cae sobre la gente como el gran mazazo, como la definitiva constatación de que las cosas están mal, pero que muy mal.
Y cómo no lo voy a sentir, si las del mío que son de las tempraneras, San Pedro, el 29 de junio, ya me contarán ustedes las posibilidades que tenemos de que podamos echar un rato y un chispo en la bodega e invitar y ser invitados por todo el que pase por allí. Casi estoy por proponer que como este año no podemos al que viene, que vendrá, hacerlas dobles por la merma. Pero me temo que para llagar a entonces y que podamos celebrar algo vamos a tener que remar mucho. Y a lo peor sin remo siquiera que nos podemos quedar.



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Cuando todo esto pase sé que volveremos a reír juntos, a salir a los bares. Ahora os echamos de menos, y sé que vosotros también