EN VERSO LIBRE

Francisco García Marquina


Planes de futuro

03/05/2020

Mis nietos de Madrid han guardado de punta a cabo la cuarentena sin salir de su piso. Mis nietos de Ámsterdam han paseado por la calle, montado en bicicleta y jugado en el parque guardando las distancias. Yo no tengo ni ciencia ni criterio para saber cuál de ambas maneras será la más eficaz, pero nuestra cuarentena «medieval» lleva aparejada, además de la hibernación económica, un cabreo creciente de los recluidos que empiezan a no entender tanto rigor y a sospechar que el Gobierno tampoco lo sabe.
En medio de esta tragedia, no debemos desmoralizar a quienes están dejándose la piel por salvarnos, pero también es necesario sobreponernos al dolor e indagar las causas por las que en España la epidemia ha alcanzado estas dimensiones y cómo encarar nuestro futuro. Y no me importará pecar de impiedad si es a favor de la verdad.
La epidemia nos coge a contramano por nuestra debilidad a consecuencia de tres años de gobierno con unos mandatarios de acarreo que intelectual y profesionalmente representan la «ineptocracia» que denunciaba Jean d’Ormesson. La actuación del presidente parece la del mariscal Grouchy cuya incompetencia provocó el desastre de Waterloo. Y me limito a hablar de incompetencia porque soy benévolo. Tampoco un pasado prestigioso como científico libra al doctor Simón de un descrédito actual como propagandista.
Necesitamos la ayuda de la Unión Europea, pero Europa sabe que no hemos cumplido los compromisos aumentando el gasto público y el déficit, y exige someternos a estrictos controles, porque ¿cómo aceptar una política de derroche autonómico que hasta financia el golpe catalán? ¿Cómo dar créditos a quien canjea subsidios por votos? ¿Cómo confiar en quien por alcanzar la Moncloa, aumentó el gasto público por encima del crecimiento? La España de Pedro Sánchez, con su deriva bolivariana, no inspira ninguna confianza al inversor internacional.
Es suicida negar la realidad, y debe saberse que el Banco de España estima que nuestro PIB bajaría un 13% y la deuda llegaría al 120%. Con una producción anémica y un consumo bajo, nuestro porvenir sería la insolvencia, sin otra solución que la que tuvo Grecia.
El Gobierno pide un pacto con la oposición, para lograr el respaldo a sus decisiones y diluir responsabilidades, pero ¿la izquierda tiene un proyecto económico viable que ofrecer, aparte del comunista cuyos estándares ya conocemos?
Stefan Zweig lamenta que a veces «el hilo de la fatalidad cae […] en unas manos por completo incompetentes». Necesitamos grandes renovaciones empezando por la cabeza que es por donde se pudre el pescado. O votaciones o una alianza de salvación, bajo la presidencia de alguien honrado.
Me dirán que es antidemocrático cuestionar la presidencia actual, pero aunque el nombramiento de Sánchez fuera un acto legal, también fue un fraude real ya que los ciudadanos votamos una oferta electoral que no era «esto». Pero si les gusta «esto», vótenlo en la próxima oportunidad porque hasta ahora no se nos había propuesto.