CRÓNICA PERSONAL

Antonio Casado

Periodista especializado en información política y parlamentaria


Un pan de obleas

Repetir las elecciones para mejorar la posición ante la conquista del poder y volver a las andadas es hacer un pan de obleas. Y eso es lo que pregonan los encuestadores privados. Otra cosa es el gran encuestador público (el llamado CIS de Tezanos), que sitúa a Sánchez en el mejor de sus sueños: poder elegir a derecha (Cs) o a izquierda (UP) al socio para gobernar con una sobrada mayoría absoluta. 
Uno de los dos augures electorales nos está tomando el pelo. También puede ser que uno de los dos, el oficial o el conjunto de los privados, esté haciendo mal su trabajo. En todo caso solo podemos hacer conjeturas con uno de ellos, al ser contradictorios entre sí. 
Lo aconsejable es tomárselo con calma, sacar conclusiones del debate televisado de líderes (lunes 4 por la noche), seguir la campaña y esperar al recuento electoral del domingo. Con una sola certeza. En ningún caso tendremos un gobierno de gran coalición, que es una especulación derivada de las encuestas privadas. Concretamente del hecho de que solo la suma PSOE-PP alcanzaría el umbral de la mayoría absoluta. 
Puede y debe haber pactos de Estado entre el Ejecutivo y el principal partido de la oposición. Es una sana costumbre en las democracias consolidadas frente a asuntos de mayor cuantía donde decae o debe decaer la marca ideológica del partido concernido. Pero el Gobierno de las dos primeras fuerzas centrales del sistema, la derecha y la izquierda, es absolutamente descartable al decir de sus respectivos líderes. A petición de Podemos, Sánchez ya ha dicho que no habrá caso. También lo ha dicho Casado, con el lógico añadido de quien mira más allá de un eventual encamamiento con el PSOE para desactivar un momento de bloqueo: "Una gran coalición dejaría la alternativa den manos de Vox y Podemos". 
En eso tiene razón Casado. Pero, insisto, entenderse en cuestiones de Estado es justo y necesario. Siempre. Antes y después del recuento electoral. Dicho sea por la advertencia del líder del PP cuando hace responsable a Pedro Sánchez de lo que pueda pasar durante la visita del Rey a Barcelona y en torno a la jornada electoral del 10-N. Mal paso. La inculpación a título preventivo me parece temeraria. Es imposible sacar el problema catalán de la campaña, pero los partidos comprometidos con la Constitución deberían coordinarse frente a la amenaza separatista. 
De sus palabras de se desprende que no se fía demasiado del operativo policial dispuesto para evitar el desorden y los actos de confrontación convocados por el activismo. El líder del PP traslada así una cierta falta de fe en el poder del Estado para desactivar estas nuevas cabriolas de Torra y compañía   


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