TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Lo ajeno

No puedes parar a Messi, pero sí defenderle. No puedes quitarle de un plumazo su talento, pero sí controlarlo. No puedes anularle, pero sí limitar el número de veces que influye sobre el partido. Algunos lo intentaron con una defensa individual que esconde el peligro del despiste, otros por marañas de líneas muy juntas evitando una recepción clara, otros por marcadores zonales repartidos según la zona del campo en que esté operando, otros por señalar a tres, cuatro o cinco ejecutores de zancadillas y patadas sistemáticas que lo saquen del partido, otros, otros y otros… Pero nueve de cada diez salieron trasquilados y el décimo agradeció que el muchacho tuviese un mal día.
«Rezaremos para que duerman mal», dijo un día un entrenador en un partido de Copa que enfrentaba a los suyos, de categoría menor, contra uno de los gigantes de la elite, lo que fue interpretado por parte de su afición, la parte menos lúcida, como una invitación a rondar el hotel con megáfonos y música a todo volumen. El resultado del partido fue de 1-7. «En lugar de rezar, algunos decidieron invertir ese tiempo en motivarles».
Cuando tienes que rezar, encomendarte a lo que no puedes controlar, es que asumes que lo normal es la derrota. Reconocer tu inferioridad, o la imposibilidad de ¡tachán! hacer desaparecer a Messi del partido, no es un sinónimo de derrota. Sepp Herberger convenció a los suyos (Alemania) de que si llovía en Berna -había mirado la predicción del tiempo- podían ganar la final del Mundial'54 a la omnipotente Hungría…
Solskjaer dijo ayer que «si llueve, mejor» y que «Messi no es imparable, pero ¡qué plan puedes tener contra él!». Todos los que se enfrentan al 'diez' se agarran más al poder de lo ajeno (lluvia, una mala noche, Dios…) que a la propia libreta.