CARTA DEL DIRECTOR

Francisco Javier Martínez


¿Dónde estaba Cuenca?

Pueden acusarme de ser un poco cansino con el tema, pero es que pienso que es el único asunto de verdad importante para usted, querido lector, y para el futuro de esta tierra. La despoblación es la gran lacra de la provincia de Cuenca y si no se consigue revertir la tendencia el futuro será muy complicado para todos. Por eso me sorprende que representantes conquenses -y no me refiero sólo a los políticos, que están ahora más que ocupados en salvaguardar su modus vivendi para los próximos cuatro años- no estuviesen visibles en la macromanifestación en defensa del mundo rural que recorrió el pasado domingo las calles de Madrid.
Hay que decir que tanto la CEOE como la Diputación y la Plataforma Cívica por Cuenca se adhirieron a los postulados de los convocantes, pero después no se hizo visible ni en Madrid ni en Cuenca la importancia de la manifestación, ya que por primera vez en la historia, las provincias más afectadas por la despoblación y el envejecimiento reclamaban una mayor atención.
No nos podemos quejar de que después no nos hagan caso, porque mientras en otras provincias, Guadalajara, por poner un ejemplo, las instituciones públicas y los colectivos civiles unían fuerzas y visibilizaban el problema ante la opinión pública. En Cuenca, poco o nada se hizo, por lo que la manifestación pasó de largo.
Bien es verdad que los dirigentes políticos son causantes de la situación actual en buena parte. Se habla mucho de despoblación y envejecimiento, pero pocas acciones se ponen en marcha para combatir la marcha de nuestros jóvenes o para apoyar a los emprendedores que se juegan todo su patrimonio en el municipio que los vio nacer sin saber si podrán sacar su empresa adelante.
Durante las próximas semanas veremos cómo a todos los políticos se les llena la boca con acciones contra la despoblación, pero, una vez que pasen las elecciones -tanto Generales como autonómicas y municipales-, de lo prometido la mitad, si es que llega. Los ciudadanos debemos exigir a nuestros dirigentes que no dejen morir a nuestros pueblos, porque son el verdadero patrimonio humano que nos queda y hay que investigar en busca de una solución que haga viable residir en un núcleo de población de varias centenas de vecinos sin tener ningún lastre ni sanitario ni educativo ni económico.
Veremos si con los nuevos dirigentes políticos que salen de las urnas la tendencia cambia y empiezan a mirar por el mundo rural.