Los otros héroes de la pandemia

Leo Cortijo
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Además del ejército de batas blancas que dirimen la guerra en primera línea de batalla en los hospitales, hay otros soldados anónimos que también aportan su lucha con el objetivo común de conseguir la victoria final

Silvia Serrano - Foto: Reyes Martí­nez

La primera línea de batalla frente al coronavirus se dirime en los hospitales. Ese ejército de batas blancas planta cara a un enemigo tan peligroso como invisible. Tan maligno como escurridizo. Y tan fácil de propagarse como grande es el espíritu por derrotarlo. Esa heroica legión de sanitarios son el orgullo de una sociedad que rema unida y la bandera de todo un país. Pero en esta guerra cruenta y sin cuartel no caminan solos. Hay otros soldados anónimos que también aportan su lucha y su esfuerzo en otros frentes, pero con un objetivo común: conseguir la victoria final. Ellos son los otros héroes de la pandemia.

El virus, que ha sacudido todo a su paso, obliga a estos actores ‘secundarios’ a interpretar un guión muy distinto al que están acostumbrados, acorde con las circunstancias tan excepcionales que vive el mundo. Nadie se esperaba una película como ésta. Poco a poco, y eso es lo que todos esperamos, volveremos a la normalidad que tanto se echa de menos. Hasta entonces, no queda otra que seguir aunando esfuerzos de forma conjunta. Unos en la trinchera y otros en la retaguardia, pero todos jugando un papel clave. Un papel que nos convierte, sin excepción, en héroes.

Silvia Serrano/Voluntaria de Protección Civil

Marco Adrián EscuderoMarco Adrián Escudero - Foto: Reyes Martí­nez

Hace dos años, un punto de inflexión que Silvia llama «un mal hecho», generó un cambio en su vida. «Decidí que mi labor aquí era ayudar a la gente todo lo que pudiese y ofrecer todo de mí para salvar vidas», destaca. Cuando dio ese valiente paso al frente nunca se imaginó lo que el destino le tenía guardado: «Tus abuelos te cuentan lo que pasaron en las guerras o en otras pandemias, pero nunca imaginas que te pueda pasar a ti». Silvia es voluntaria de Protección Civil y eso le lleva a estar en primera línea en esta emergencia sanitaria por «pura vocación». Sus tareas son muchas y variadas, desde la realización y distribución de mascarillas y pantallas hasta el reparto de comida en dos colegios, pasando por el cuidado de personas sin hogar. A ello se suma el patrullaje para informar a la ciudadanía o para insuflar ánimos. «Somos como una bombona de oxígeno para todo lo que nos encomienden», dice.

Desde Protección Civil se hizo un llamamiento para animar al voluntariado, y es que al principio, argumenta Silvia, «nos veíamos desbordados tanto psicológica como físicamente». La llamada tuvo su efecto y ahora se reparten la tarea en diferentes turnos. Ella tiene claro que «juntos somos más fuertes» y que «cuanta más gente ayude mejor saldrán las cosas». Esta joven de 19 años se queda con «la gratitud y la emoción» que le muestran aquellos a los que ayuda. Y la ayuda es recíproca porque «gracias a esto te replanteas que todo lo que tienes en tu vida es para aprovecharlo y disfrutarlo; te replanteas quién eres y cómo puedes ayudar». En definitiva, «te hace ser mejor persona».

Marco Adrián Escudero/Bombero

Jesús Ángel RodrigoJesús Ángel Rodrigo - Foto: Reyes Martí­nez

Nadie estaba preparado para algo así. Sencillamente, porque gran parte de la humanidad solo sabía lo que eran las pandemias por los libros de historia. Por esa razón, los bomberos de la ciudad, como otros muchos servidores públicos, han tenido que hacer un esfuerzo titánico por adaptarse a las circunstancias. «Nos hemos tenido que dotar de protocolos de intervención diferentes a los habituales y también de medidas de convivencia entre nosotros», explica Marco Adrián, que atesora tres lustros en la profesión. A nivel interno, entre otras medidas, limpian las suelas antes de entrar en las dependencias, en los cambios de turno no coinciden entre ellos y se toman la temperatura corporal dos veces al día.

Los trabajos convencionales de un bombero, como intervenir en un incendio o en un accidente de tráfico, por ejemplo, se han visto «mermados» por el confinamiento, y por eso su labor se encauza en esta tesitura a la desinfección y limpieza de espacios públicos, geriátricos y dependencias municipales. A eso dedica Marco Adrián la gran parte de su servicio, aunque también explica que ha atendido «un par de aperturas de puertas de domicilios, bien porque han dado la alarma desde dentro o porque sus familiares no contactan con ellos». Una labor que es reconocida por aquellos que la necesitan, «como las personas mayores de las residencias o sus trabajadores, que valoran nuestro apoyo y dicen que les hace sentirse más protegidos», sentencia este bombero.

Jesús Ángel Rodrigo/Agente de movilidad

Nuria MartínNuria Martín - Foto: Reyes Martí­nez

Otros que se han tenido que «reinventar» en cierto modo son los agentes de movilidad. Jesús Ángel lo explica a la perfección, y es que las funciones que habitualmente desarrollaba relacionadas con el tráfico de la ciudad «han quedado relegadas a un segundo plano desde la entrada en vigor del estado de alarma». Siguen recibiendo «llamadas puntuales», pero una de sus principales ocupaciones en esta materia se orienta al control de la movilidad para asegurar el cumplimiento de las normas que establece el Real Decreto. Sin embargo, este agente destaca que hacen «un poco de todo». Así, por ejemplo, se han incorporado a los servicios de limpieza y desinfección de instalaciones y han realizado funciones de asistencia social, como la recogida y distribución del material que han donado los ciudadanos.

Sin embargo, más allá de ese «soporte constante» en el día a día de esta emergencia sanitaria, «lo que realmente te hace sentir bien es colaborar en el factor humano». ¿Y qué significa eso? Pues participar en las felicitaciones de cumpleaños a varios niños de Cuenca o a algún que otro vecino que ya es centenario. «Gratifica mucho alegrarle el día a alguien, porque eso les anima a ellos pero también nos ayuda a nosotros a ver esto con otros ojos», recalca. Son «detalles humanos», como el que hizo uno de sus compañeros al ayudar a una persona mayor a llevar la compra a su casa. «Eso nada tiene que ver con nuestra función diaria, pero el sentirte cercano a la gente y el ayudar, sin más, anima nuestro día a día». Así piensa Jesús Ángel, que huye totalmente de la etiqueta de héroe, pues entiende que hay personas que están «mucho más expuestas» que ellos y que «exponen su salud y la de los suyos por salvar vidas». Ellos, sentencia al respecto, «sí que son auténticos héroes».

Nuria Martín/Agente de Policía Local

Gonzalo HernaizGonzalo Hernaiz - Foto: Reyes Martí­nez

De esa etiqueta de heroína también se desmarca Nuria, porque también entiende que hay personas que se exponen «muchísimo más» que ellos. Algunos, añade, de forma voluntaria, como los agentes de Protección Civil, «que son los que más se mueven». «Es mi trabajo, cobro por ello y me tengo que adecuar a las circunstancias», afirma tajante esta policía local, que explica a su vez cómo desde la entrada en vigor del estado de alarma han tenido que «reestructurar bastante» la Jefatura en lo que atañe al modo de trabajar. Ahora la regulación del tráfico se circunscribe a que lo establecido en el Real Decreto se cumpla, y por ello «se vienen realizando controles de desplazamientos de vehículos orientados a comprobar que tienen causa justificada», destaca. Afortunadamente, por lo general y más allá de excepciones muy puntuales, los conquenses están cumpliendo con la normativa.

Otra de esas tareas adicionales es la gestión de las donaciones de material sanitario, sobre todo pantallas faciales y batas que personas a título individual están produciendo en serie. «Todo se trae a la Jefatura, lo limpiamos con la máquina de ozono, hacemos inventario y, gracias a los compañeros de Protección Civil, se hacen paquetes para distribuirlos, dependiendo de la necesidad de cada centro», explica la policía. El hospital, los centros de salud y las residencias de mayores son los destinos de estos granitos de solidaridad.

Además de trabajar en un contexto nunca antes conocido, con todo lo que ello significa, estos servidores públicos tienen que lidiar además con el sentir de la ciudadanía, que está haciendo «un gran esfuerzo». Nuria comenta que «se percibe tristeza» en la gente, por ejemplo cuando paran en un control y «la mayoría se nos echa a llorar». «Estamos acostumbrados a cosas así, pero esto pasa factura, a nivel emocional es duro», argumenta en este sentido. En el otro lado de la balanza, la carga anímica la encuentran cuando tienen que ir a felicitar el cumpleaños a algún niño: «Nos viene bien a nosotros y ellos perciben que estamos ahí». Y es que la situación no es fácil para nadie, ni siquiera en el propio trabajo, pues «nada es igual que antes», ahora hay unas restricciones que impiden la «complicidad» que había entre los agentes. «Hay compañeros, que son amigos», comenta Nuria, «que han tenido pérdidas importantes y no hemos podido estar con ellos cuando lo han necesitado».

Esa normalidad perdida volverá con el paso del tiempo. De eso no cabe duda. Hasta entonces, ella seguirá animándose con la sonrisa de los niños a los que visita o con los aplausos de las ocho de la tarde, «que son más fuertes todavía cuando nos ven pasar con el coche, y eso reconforta mucho».

Gonzalo Hernaiz/Repartidor

En otro frente de la batalla, completamente distinto al de aquellos que garantizan el orden y la seguridad pero igualmente importante, se encuentra Gonzalo. Él es un soldado más de ese ejército de repartidores que se encarga de llevar hasta la puerta de las casas todo lo que los ciudadanos compran. Algunas de esas cosas son tan importantes como la propia comida, y es que desde la entrada en vigor del confinamiento, explica, los repartos de pedidos desde los supermercados se han multiplicado exponencialmente. «Llevo una furgoneta grande, de 3.500 kilos, hasta arriba de pedidos, para unos 25-30 clientes al día y a cada uno les entrego cuatro o cinco cajas de compra», destaca. Asimismo, «se nota que es gente nueva a la hora de usar este servicio, pues muchos me dicen que es la primera vez que lo hacen y que ellos prefieren hacer la compra presencialmente, pero que las circunstancias les obligan a ello».

Gonzalo, perfectamente pertrechado siempre con mascarilla y guantes, destaca también el aumento de reparto de pequeños paquetes: «Tengo compañeros que se dedican a repartir ese tipo de productos y que no paran en todo el día», argumenta corroborando el incremento del comercio online. Por el contrario, apunta también que ha caído de forma absoluta el reparto de mercancías a los comercios debido al cierre de éstos.

Gonzalo, como el resto de protagonistas de este reportaje, destaca el agradecimiento y los ánimos de aquellos a los que atiende, a su manera y desde su puesto de trabajo. Aunque este repartidor, como el bombero, la policía local, el agente de movilidad y la voluntaria de Protección Civil, siente que no es un héroe en absoluto porque «los héroes son los que arriesgan sus vidas por salvar las de los demás».