Aquel fatídico descuido

Ana Martínez
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Se acaban de cumplir cinco años del mayor accidente aéreo de la historia de la Base Aérea de los Llanos, en el que murieron 11 militares y mecánicos y más de una treintena resultaron heridos

El F-16 pilotado por dos militares griegos se estrelló en la plataforma del TLP a las 15,10 horas del 26 de enero de 2015. - Foto: Rubén Serrallé

Un «descuido». Aquel 19 de enero de 2015 poco podían presagiar que la tragedia se cernía sobre sus vidas. Ese día, más de 40 pilotos de siete países aterrizaban en la Base Aérea de los Llanos para participar en uno de los cursos que la OTAN, a través de su programa táctico conocido como TLP o escuela de pilotos, desarrolla en Albacete desde sus llegada al Ala-14 en el año 2009.
El hasta hoy mayor accidente mortal de la historia registrado en el TLP, y también en la Base Aérea de los Llanos, acaba de cumplir su primer quinquenio. Un interruptor mal posicionado, girado hacia un lado, fue el causante de que dos oficiales griegos al mando de un F-16 impactaran contra varias aeronaves galas cuando despegaba, poco después de las 15,10 horas del 26 de enero de 2015.
El informe que publicó seis meses del accidente aéreo el Ministerio de Defensa francés, apuntaba a un posible objeto que hubiera caído sobre el mando que hace girar el timón de cola (trim), sin que el piloto ni el copiloto se dieran cuenta antes de despegar. También se aseguró que ambos militares no cumplieron los procedimientos al revisar la cabina 20 minutos antes del despegue. Según el documento final que trató de despejar el origen de este trágico accidente, en ningún momento hubo una «actuación incorrecta» en la pista ni en la «organización de las misiones de vuelo».
La fatalidad quiso que el F-16 griego despegara «descompensado» y, en apenas ocho segundos, se estrellara en el sur de la plataforma de estacionamiento, donde pilotos y mecánicos de otros aviones esperaban su turno para incorporarse a la misión de entrenamiento diario.
7,8 segundos entre el despegue y el accidente que acabaron en una gran bola de fuego en la que se convirtió el avión, que quedó totalmente destruido, causando no solo la muerte de los dos pilotos griegos, sino de otros nueve compañeros más y un total de 33 heridos de diversa consideración.
En apenas unos minutos y como consecuencia de las grandes columnas de humo ennegrecido que provocaron diversas explosiones, el suceso se difundió por mensajes de los teléfonos móviles por toda la ciudad, mientras que los accesos a la Base Aérea eran puestos bajo la regulación de la Policía Local de Albacete. Como no podía ser de otra manera, dotaciones del parque de bomberos de esta capital acudieron al lugar del siniestro, junto a los efectivos médicos y los equipos de emergencias.
Sin dar a conocer oficialmente el número de víctimas que causó el peor accidente aéreo ocurrido en la historia de la Base Aérea de Los Llanos -al principio sólo se hablaba del fallecimiento de los dos pilotos griegos-, el ministro de Defensa, Pedro Morenés, viajó hasta Albacete acompañado por miembros de la Comisión de Investigación Técnica de Acciones de Aeronaves Militares, mientras el entonces presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, confirmaba por televisión que no había personal español entre fallecidos y heridos.
Aquel aciago 26 de enero de 2015 despedía a diez muertos: ocho franceses y los dos pilotos griegos, a los que al día siguiente se sumó otro piloto francés que falleció en el Hospital La Paz de Madrid, mientras que tres de los heridos graves presentaban «un estado complicado».
Centros hospitalarios como el de Hellín recibían el ingreso de cinco heridos, afectados por una fuerte inhalación de hidracina -el combustible utilizado por los F-16. Otro grupo de heridos fue inmediatamente traslado hasta la Unidad de Grandes Quemados del Hospital de La Paz, de Madrid, mientras los más graves ingresaron en el Hospital General Universitario de Albacete, la mayoría de ellos en las unidades de cuidados intensivos y críticos, donde recibieron la visita de la presidenta de Castilla-La Mancha, María Dolores de Cospedal.
Los días siguientes se tiñeron de luto. Mientras se procedía a la identificación de los cadáveres, la Fiscalía de París abría una investigación para esclarecer el suceso, el Ministerio de Defensa decretaba luto y el Congreso de los Diputados rendían su homenaje a los fallecidos con un minuto de silencio.
Visiblemente afectados, al día siguiente del trágico accidente comparecieron pública y conjuntamente el ministro español de Defensa y su homólogo francés, Jean Yeves Le Drian, para anunciar la cooperación de varios países en la investigación de lo ocurrido. El Rey Felipe VI, Mariano Rajoy, García Margallo, el arzobispo de Toledo, entre otras muchas más autoridades, trasladaban sus condolencias a los familiares y a los países afectados por el choque mortal, mientras el Ayuntamiento de Albacete decretaba un día de luto oficial y el Albacete Balompié anunciaba que luciría brazaletes negros en su partido ante el Tenerife.
La Base y el TLP celebraron dos emotivas despedidas:primero a los pilotos griegos el día 28, y al día siguiente los restos mortales de los nueve militares y mecánicos franceses, que fueron homenajeados en Los Inválidos el 3 de febrero por el Gobierno galo, presidido entonces por François Hollande.
En Albacete, en la instalación militar, tuvieron que transcurrir seis meses para inaugurar un obelisco que rinde tributo al honor, a la memoria y a  la paz, un monumento que fue descubierto por Morenés ante la presencia de representantes de los 10 países que forman la escuela de pilotos de la OTAN. Fue la viuda del comandante Gildas Tison, el único que tenía su residencia en Albacete, la encargada de descubrir la placa con el nombre del fallecido que desde ahora da nombre a la plaza del TLP, donde también se plantaron 11 árboles por cada uno de los fallecidos.
Un año después, el TLP y la Base francesa de Nancy Ochey celebraban sendos reconocimientos a las víctimas, mientras un oficial del país vecino todavía continuaba en tratamiento hospitalario.
Desde que un Mirage F-1 se estrellará en una maniobra de aproximación a la Base Aérea en 1986, el Ala-14 ha contabilizado 12 accidentes aéreos más en estos 34 años, el último ocurrido el 12 de octubre de 2017, en el que falleció el capitán Borja Aybar, de 34 años, a su regreso del desfile por el Día de la Fiesta Nacional en Madrid.