NOTAS AL PIE

Javier D. Bazaga


Lo mejor y lo peor

16/04/2020

La crisis del coronavirus ha vuelto a poner de manifiesto que la raza humana es capaz de los mejor, pero también de lo peor. Una capacidad que solía ser exclusiva de la guerra, pero que ahora se presenta también con una crisis sanitaria que empieza a parecerse también a una guerra, con gente confinada que desconfía de sus vecinos.
En el lado positivo de la balanza nos encontramos las interminables muestras de solidaridad y cariño que se han venido dando desde el inicio del Estado de Alarma decretado por el Gobierno. Basta recordar los ofrecimientos de los jóvenes para ir a hacer la compra a los mayores, los mayores que dejaron de lado el punto de cruz para ponerse a confeccionar mascarillas y batas para los profesionales sanitarios, o los miembros de las fuerzas de seguridad entregados a los más necesitados para levantar hospitales de campaña o dar cariño y ánimo a niños y enfermos.
Eso es de lo mejor de la raza humana, la de arrimar el hombro, la de colaborar para superar el obstáculo juntos. La de ayudar y decirle al de al lado que aquí estamos, que si necesitas algo haré lo posible por ayudarte. Pero toda moneda tiene su cruz. Será por el cansancio del confinamiento, será por el hastío tras un mes de encierro, o será por la pobreza de espíritu de algunos. Será lo que sea, pero no tiene justificación que un médico, un enfermero, un barrendero, un policía, un bombero, un reponedor, un cajero o un trabajador de supermercado se encuentre tras incontables horas de servicio con un papel en el ascensor de su casa que le esté pidiendo que se largue, como un apestado, a otro sitio a pasar esta crisis.
Esos vecinos que con una sonrisa le dan los buenos días antes de irse a trabajar, y que a las ocho de la tarde le aplauden, pero que mientras está fuera le señalan, le acusan y le desprecian por lo que hace. No digo yo que le reciban con un caldito cuando llega exhausto por la noche, pero esto supera la hipocresía y el cinismo. Sobra el aplauso de Judas.
En el lado científico nos encontramos con esa carrera por la búsqueda de la vacuna que permita enfrentarse al coronavirus con garantías. Una carrera que se acelera pero que, ojo, no solo por el bien común que le puede acarrear a la Humanidad. No, esa carrera, y lamento decepcionarles, si llega a buen puerto no será porque los países que tienen posibilidad de lograrla estén pensando en salvar al mundo, sino porque el que la consiga será el que vuelva a ocupar la centralidad en el nuevo orden mundial que quede tras la pandemia. Dicen que las situaciones extremas son las que sacan a la luz la verdadera alma de las personas. Por suerte, las muestras de apoyo y los calditos siguen ganando a las pintadas y los cartelitos.