La potente y próspera industria resinera de Cuenca

Jonatan López
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El investigador Antonio Berlanga cuenta la evolución de la industria resinera conquense en un libro publicado por la Diputación

La potente y próspera industria resinera de Cuenca

Cuenca fue, durante el siglo XX, la provincia más importante de la industria resinera de España. Este es el titular que se desprende del libro La industria resinera en Cuenca, que recientemente ha publicado la Diputación Provincial, y que está escrito por el  profesor e investigador Antonio Berlanga Santamaría.

El autor, de Corduente (Guadalajara), basa su estudio en un archivo de la antigua fabrica de El Cañizar, en Pajaroncillo, que detalla los años de esplendor del producto gomoso conquense. Registro del que dice que actualmente «está desaparecido» y que no llegó hasta el Archivo Histórico Provincial.

La industria resinera tuvo sus altibajos a lo largo del siglo pasado, pero el Consorcio Resinero llegó a contabilizar 3,1 millones de pinos resinados en la provincia en 1929. De los pinos pinaster, rodeno, carrasco, laricio o negral se extrajeron kilos y kilos de este material tan útil, con el que se fabricaban numerosos productos industriales.

La potente y próspera industria resinera de CuencaLa potente y próspera industria resinera de CuencaTras la Guerra Civil y la II Guerra Mundial, la industria maderera y resinera experimentó un auge en la provincia. Ejemplo de ello, apunta el investigador, es que Cuenca ocupaba el primer lugar en el número de trabajadores en 1944 con 879 empleados –que aumentaba hasta los 1.400 con los puestos de trabajo indirecto–, pero fue en 1962 cuando se llegaron a producir más de 6.000 toneladas de goma.

Cuenta el autor que un gran número de municipios conquenses se dedicaban a ello, principalmente de la Serranía, donde se ubicarían varias fábricas de resina para procesar lo que los trabajadores recogían. 

Varias de aquellas fábricas estuvieron en El Pozuelo, Arcos de la Sierra, Puente de Vadillos, Cañizares, Alcantud, Pajaroncillo, Almodóvar del Pinar, Garaballa, o Villalba de la Sierra, por mencionar algunas. En la capital llegaron a funcionar cuatro, algunas de ellas en el conocido como Camino de la Resinera, junto al río Moscas. Entre los datos pormenorizados que ofrece el investigador, Talayuelas fue el municipio que más árboles resinados tuvo. Concretamente se llegaron a resinar 253.000 pinos en 1950.

Inflexión. La boyante industria tuvo su punto de inflexión en 1977, cuando la producción se redujo a 880 toneladas. «Aquel año, las subastas de pinos prácticamente no se cubrieron, tampoco se contrataron los montes particulares en los pueblos industriales resineros y los empleados se fueron al paro. Hasta entonces, el trabajador dependía del industrial», cuenta el profesor, que añade que «muchos se jubilaron y otros se fueron a trabajar a las grandes ciudades». Los más jóvenes cambiaron el método de resinación tradicional, con gubia, por la pica de corteza con estimulantes químicos, pero la industria ya no tendría la misma fuerza. Eso y la mano de obra barata de países como China o Brasil, que provocaron que «los industriales importaran la resina».

A día de hoy, en arboledas como la de Sotos se llegan a resinar 150.000 pinos y es el resinero el que se encarga de recoger y transportar a la fábrica, como la conocida que existe en el polígono de la Cerrajera de Cuenca capital. 

En Almodóvar del Pinar, no hace muchos años, una industria portuguesa  llegó a dar trabajo a cerca de un centenar de trabajadores en el rodenal productivo del municipio y también se trató de promover una industria de biomasa y resina (Remasa),  a cargo de varios grupos de acción local de la provincia. No obstante, la industria resinera no vive su época más próspera. 

En ese sentido, cree el autor que el futuro Parque Científico y Tecnológico de Cuenca «puede ser una oportunidad para que se mejoren los productos obtenidos y se pueda revitalizar el sector».

«No ha habido un relevo generacional de padres a hijos», cree Berlanga, aunque considera que «nunca es demasiado tarde, porque la resina es un producto renovable y  está bien valorado por los distintos programas de la Unión Europea. Somos países deficitarios en aguarrás y colofonia y se sigue importando una cantidad importante».

Observa que la administración «no se ha preocupado nada en preservar y recoger este legado» y entiende que debería «implicarse y fomentar la investigación, experimentación, los métodos extractivos y la mejora genética de los pinares».