Agarrarse a la vida con solo 610 gramos de peso

Ana Pobes
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Indara nació en la semana 24 de gestación de su madre, Noemí Flores, natural de Puertollano. Tras tres meses ingresada en el Hospital Torrecárdenas de Almería abandonó el centro sanitario en perfecto estado de salud y pesando 2,3 kilos

Indara abandonó la UCI entre globos y toda una fiesta. - Foto: Hospital Universitario Torrecárdenas

Un día me levanté empapada de agua. Era como si me hubiese orinado en la cama. Tenía un color rosado, como si fuese sangre». Con estas palabras Noemí Flores, natural de Puertollano, recuerda el día en que empezó a vivir, junto a su marido Alejandro Gil, uno de los capítulos más importantes de su vida. Era un 9 de junio, fecha en la que Noemí se encontraba en su semana 24 de gestación. En ese instante, se trasladaron al hospital La Inmaculada, en Huercal Overa, en la provincia de Almería y a unos 30 kilómetros de Albox, municipio almeriense en el que este matrimonio vive desde 2018.

Tras dar positivo en la rotura de bolsa le trasladaron al Hospital Universitario Torrecárdenas, de Almería, donde permaneció en «reposo absoluto» hasta que dos días más tarde, el 12 de junio, el agua volvió a hacer acto de presencia. Pero en esta ocasión, fue «el triple». Apenas había ya líquido amniótico, fluido que rodea al bebé dentro del útero durante el embarazo, y la situación se complicaba. El bebé venía con vuelta de cordón y se estaba ahogando. Tras una cesárea urgente, nace la verdadera protagonista de esta historia, Indara, quien a su corta edad ya sabe lo que es luchar por vivir. Una hermosa niña que a pesar de las circunstancias llegó a la vida «con un movimiento y una vitalidad asombrosa», comenta con satisfacción su madre. Pero la niña era una «miniatura». Nació con 610 gramos y en una semana bajó su peso hasta los 485. Pasó a ser intubada y a la UCI, donde permaneció ingresada dos mes hasta que ingresó en la planta de neonatos, donde estuvo algo más de un mes. «Los médicos no nos daban esperanzas de nada», recuerda emocionada Noemí, quien el pasado 18 de septiembre salió del hospital con su hija en brazos. Milagrosamente Indara dejó el centro sanitario sin asistencia respiratoria y pesando 2,3 kilos.   

Su historia ha ocupado las páginas de varios periódicos y espacios televisivos. Y no es para menos, pues Indara es el primer caso en tres años de un bebé que sale de la UCI nacido en la semana 24 de gestación, pues «los demás bebés no han podido salir adelante», lamenta Noemí, quien, en declaraciones a este medio, recuerda que durante la hospitalización de Indara «fallecieron varios bebés» por situación similar. Por ello, no es de extrañar que su salida del hospital fuera toda una fiesta en la que no faltaron los globos y la alegría con la que Indara se agarró a la vida. Ahora, disfruta ya en su hogar del cariño y el amor que le dan sus padres, ese que ha sentido también durante su hospitalización. «Un equipo maravilloso nos ha dejado estar siempre con nuestra hija, por lo que la niña nos ha sentido en todo momento, gracias también al método canguro, y  con el que hemos podido estar piel con piel y sentir nuestros corazones», relata su madre.

Alejandro Gil y Noemí Flores posan con su hija Indara. Alejandro Gil y Noemí Flores posan con su hija Indara.  Indara ha luchado con todas sus fuerzas, pero este capítulo no hubiera tenido un final feliz de no haber contado con la ayuda de profesionales como Ana Armenteros,  «nuestra salvadora». Ella fue la pediatra que estaba de guardia el día en que Noemí entró en el hospital. «Cuando bajé al paritorio, me dijeron que había muy pocas posibilidades de que mi hija naciera viva pero Ana me ayudó a tener a Indara. Ella apostó por Indara incluso antes de nacer, y le estaré eternamente agradecida. Fue la única que apostó por mi hija», declara al tiempo que asegura que la lista de agradecimientos es muy larga. Así, quiere nombrar a todas aquellas personas que de una u otra forma han hecho posible que Indara vea la luz de la vida. Desde la Asociación Apreal, de Almería, hasta otros muchos profesionales como Marisa Rodríguez, Verónica Campos y Esther Aguilera. Sin la ayuda y el apoyo de todos ellos, Noemí y Alejandro no hubieran podido conocer a su primera hija. «Tener a mi hija entre mis brazos ha sido la mejor sensación que he podido vivir. Han sido tres meses y una semana muy duros pero a la vez bonitos porque tenemos a Indara con nosotros».  Ahora, solo les toca «disfrutar de ella y vivir cada momento».