DESDE EL ALTO TAJO

Antonio Herraiz


Sin ninguna intención

17/04/2020

Desde aquel «eres muy majo y simpático, pero te prefiero como amigo», el dichoso pero siempre nos ha acompañado. «Te iba a comprar la moto, pero no has aprobado todo el curso». El adolescente lloraba sin consuelo y a otra cosa. Ahora que hemos tomado distancia con la edad del acné y el pavo, nos siguen tratando como tal, conscientes de que están gobernando para una sociedad anestesiada por el dolor y por el aborregamiento general. «Yo defiendo la libertad de información. Lo que planteamos es que en determinados momentos se pueda controlar la información que se haga sobre el coronavirus». Tezanos nunca defrauda. Siempre el pero. La información es un derecho intocable, pero te podemos capar google o las redes sociales siempre que convenga, no sea que se vayan a rebelar las masas. Entonces el adolescente pasaba su infortunio en la oscuridad de la habitación; ahora nos pinchan y no sangramos. La persecución totalitaria contra la libertad que plantea el CIS la ha resumido muy bien Eduardo Madina -al que no tengo por un facha peligroso- con otra pregunta: «¿Cree usted que el derecho a la información y la garantía de unos medios de comunicación libres son principios democráticos fundamentales que deben seguir siendo protegidos por nuestra Constitución?». La cocina de Tezanos es algo más sutil, aunque sin caer en el exquisito refinamiento: «¿Cree usted que en estos momentos habría que prohibir la difusión de bulos e informaciones engañosas y poco fundamentadas por las redes y los medios de comunicación social, remitiendo toda la información sobre la pandemia a fuentes oficiales, o cree que hay que mantener libertad total para la difusión de noticias e informaciones?». El simple hecho de cuestionar tal despropósito es el primer paso hacia la intervención descarada, que ya se da con cierto disimulo. Todavía tenemos algo de suerte. Aquí de momento preguntan, en China o en Corea del Norte ejecutan directamente lo que plantea Tezanos. La línea es tan fina que seguro que es fácil rebasarla. Sólo hace falta que andemos un poco más groguis. Y no se preocupen, todo se hará «sin intencionalidad política», nos dice el cocinero del CIS, que sigue jugando con una cocina que nos cuesta a los españoles mucho dinero. Es tan hábil y tiene tan bien asumido el encargo de su jefe Sánchez que a pesar de sus sonados resbalones, de sus pronósticos desastrosos, todavía no se ha quemado. 
Nada de lo que hace el Gobierno a través de sus caramelos más preciados tiene intencionalidad. Tampoco la última que ha liado en RTVE. Aprendemos en casa es un programa dirigido a alumnos de 6 a 16 años. La idea es buena: facilitar el aprendizaje durante la suspensión de la actividad lectiva. A los más pequeños les instruyen por Clan, canal de dibujos animados, y los más mayores por La 2 de TVE. Empezaron con el programa el 23 de marzo. No ha pasado ni un mes y les ha podido la tentación. ¿Qué es lo mejor que se le puede enseñar a un menor de entre 14 y 16 años? ¿Cómo pueden aprender más pronto? Está claro que ridiculizando a Mariano Rajoy; mejor adoctrinar a los 14 que a partir de los 18. El Ministerio de Educación lo atribuye a un «error involuntario». Y chimpún. En un programa grabado, con un control necesario por el público al que va dirigido, no cabe ese tipo de error y sí mucha intencionalidad. Siempre con el dinero de todos, claro.