TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Uno de los nuestros

Para que los más jóvenes no lo entiendan como una pataleta nostálgica, conviene leer con detenimiento (si es que sigue estando de moda) lo siguiente: hace unos años, si al Real Madrid hubiese elegido entre Keylor o Courtois, habría escogido al costarricense de 100, 100. Era un tiempo mucho más luminoso que éste del fútbol moderno y las rarezas en las que para elegir a un futbolista de equipo grande se miden sus aptitudes deportivas, su estatura, su belleza, sus derechos de imagen, su explotación como icono, su capacidad de convertirse en un producto, su exhibición como producto de marketing, etcétera. Y antes, en esa época sobre la que no ha llovido tanto, con lo primero (¿Es bueno?) valía.

Keylor Navas presenta una hoja de servicios inmaculada, con tres Copas de Europa en el encabezamiento, el apoyo del vestuario y (se supone) que el del entrenador, el que dijo «es mi portero» cuando escuchó el nombre de Kepa en enero del pasado año… pero le dan la patada. El único motivo creíble de todos los que escuchemos es el de la edad: 27 años de Courtois frente a 32 de Navas. Luego nos venderán las distintas medallas que luce el belga: mejor portero del pasado Mundial, estatura, presencia, porte, precio (en determinados rincones de la planta noble del Bernabéu, algo que ha costado menos de 10 millones no puede ser tan bueno como algo que costó 40). Pero la realidad es que el público blanco anda con la mosca tras la oreja desde que impusieron a Thibaut, relegaron a Keylor e hicieron hueco (¡Tachán!) a Luca Zidane.

Suena a negociación de botella y luz tenue: «Si aceptas al que no es tu portero, tu muchacho será el segundo». Y sellarlo todo con un apretón de manos y Big Al y Gino como testigos. Habría que ser retorcido para pensar algo así, ¿verdad?