Cénit en el Prado

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La pinacoteca más importante de España está de doble celebración, ya que a su bicentenario hay que sumar la concesión del Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades

Cénit en el Prado - Foto: Sean Pavone

El Museo del Prado es uno de los buques insignia del arte español. Como un joyero de muros pétreos cobija en su interior piezas clave de la Historia del país, un legado que hoy está a disposición de los millones de visitantes, concretamente 3.672.853 al cierre de 2018.
Fruto de la importante labor que esta institución realiza para expandir el conocimiento del arte, hace apenas unos días se anunció que ha sido galardonado con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2019, que se entregará en otoño en Oviedo. Un premio más que merecido para la mayor pinacoteca española y una de las más reconocidas del mundo, ubicada en el paseo que lleva su nombre, en un edificio diseñado en 1785 por Juan de Villanueva como Gabinete de Ciencias Naturales.
La orden para su construcción llegó de Carlos III, aunque, no obstante, el destino final del edificio como museo no estuvo claro hasta que su nieto, Fernando VII, impulsado por su esposa, la reina María Isabel de Braganza, tomó la decisión de crear un Real Museo de Pinturas y Esculturas.
Este Real Museo pronto pasaría a denominarse Museo Nacional de Pintura y Escultura y posteriormente Museo Nacional del Prado. Se abrió por primera vez al público en noviembre 1819. El Princesa de Asturias pone así la guinda a un año lleno de eventos y homenajes por su bicentenario.
El edificio del Museo del Prado fue construido como parte de una ambiciosa empresa que tenía por objeto la reforma urbana de Madrid en tiempos de Carlos III. Entre los primeros arquitectos encargados de los trabajos de la zona denominada Prado de San Jerónimo estaban José Hermosilla y Ventura Rodríguez, hasta que en 1785 el rey encargó a Villanueva un proyecto para la realización del Gabinete de Ciencias Naturales.
Sin embargo, las obras se paralizaron durante el levantamiento popular contra la ocupación francesa y la subsiguiente guerra de la Independencia, que convirtieron el edificio en cuartel para la caballería de las tropas del general Bonaparte.
Fernando VII ordenó en 1818 la reconstrucción del edificio y, a instancias de su esposa, tomó la decisión de destinarlo a la creación de un Real Museo de Pinturas y Esculturas bajo el asesoramiento del pintor Vicente López, con la selección de diversas obras pictóricas que dieron origen a la formación de la pinacoteca.
El Real Museo de Pintura, denominado así por pertenecer sus bienes a la realeza y no a la Corona, abrió sus puertas al público el 19 de noviembre de 1819 como Museo Nacional del Prado con un catálogo de 311 pinturas de la escuela española (de un total de 1.520 que poseía) dispuestas en tres salas.
Después, el museo ha ido enriqueciéndose con obras no solo procedentes de los palacios reales de Madrid, El Escorial, Aranjuez y La Granja, sino de las escuelas de pintura alemana, francesa e italiana, hasta el punto de que ya en 1840 fue calificado por los visitantes como una de las mejores galerías de Europa.
Las Colecciones Reales, origen de la colección Museo del Prado, comenzaron en el siglo XVI en tiempos de Carlos V y fueron enriquecidas con el paso de los siguientes reyes. Así, se fueron incorporando obras como El jardín de las Delicias, de El Bosco; El caballero con la mano en el pecho, de El Greco; El tránsito de la Virgen, de Mantegna; La Sagrada Familia, de Rafael; Carlos V a caballo en Mühlberg, de Tiziano; El Lavatorio, de Tintoretto; Autorretrato, de Durero; Las Meninas, de Velázquez; Las tres Gracias, de Rubens, o La familia de Carlos IV, de Goya.
Del Museo de la Trinidad llegaron importantes pinturas de Berruguete o de El Greco y del antiguo Museo de Arte Moderno proceden gran parte de las obras del XIX, de Madrazo, Vicente López, Rosales o Sorolla.
Las Pinturas Negras de Goya llegaron gracias a la donación del Barón Emile d’Erlanger.
Desde su fundación, han llegado al Prado algo más de 2.300 pinturas y numerosas piezas de escultura, estampas, así como dibujos y piezas decorativas en su mayoría procedentes de donaciones, legados o compras, que han enriquecido sus colecciones. 
 

Cada vez más grande. Tanto la colección como el número de visitantes del Prado se han incrementado de manera exponencial a lo largo del siglo XX, por lo que el Museo ha tenido que ir acometiendo sucesivas ampliaciones en su sede histórica hasta agotar totalmente las posibilidades de intervención sobre este edificio.
Por eso, se llevó a cabo una ampliación mediante una solución arquitectónica situada junto a la fachada posterior, diseñada por el arquitecto Rafael Moneo, que el 30 de octubre de 2007 inauguraron los Reyes de España.
Cabe destacar que, desde abril de 2017, Miguel Falomir, hasta entonces conservador jefe de la pintura italiana, dirige el Museo del Prado, tras la dimisión del anterior director, Miguel Zugaza. Anteriormente, en el siglo XIX, los directores del museo fueron pintores como José de Madrazo, Juan Antonio de Ribera, Federico de Madrazo, o Antonio Gisbert, bajo cuya dirección se nacionalizó.
También lo fueron Aureliano de Beruete, Álvarez de Sotomayor, Pérez de Ayala, Sánchez Cantón o el pintor Pablo Picasso, que fue nombrado en 1936, pero no llegó a tomar posesión del cargo debido a la guerra civil española, período durante el cual el museo estuvo cerrado y sus obras desaparecidas. Durante los años de contienda, los cuadros más importantes se protegieron en el Museo de Ginebra y, al acabar, regresaron a casa.
En la actualidad, el Museo del Prado cuenta con un campus integrado por cuatro edificios: el edificio Villanueva, matriz de la pinacoteca; el Casón del Buen Retiro, incorporado en 1971; el Salón de los Reinos que albergó el Museo del Ejército hasta 2009, y el claustro y atrio de los Jerónimos desde 2007.