ESCAÑO CERO

Julia Navarro

Periodista y escritora


Todo no puede

19/12/2019

El pacto entre el PSOE y Ezquerra Republicana de Cataluña está "casi" hecho. Y ese pacto preocupa, y mucho, a amplios sectores de la ciudadanía, incluidos muchos votantes socialistas, que se habían creído a pies juntillas a Pedro Sánchez cuando afirmaba que no pactaría con quienes se situaran fuera del marco de la Constitución.

Y ese desdecirse de Pedro Sánchez abre paso a una reflexión que tiene que ver con los márgenes de un político para incumplir sus compromisos. Depositamos nuestros votos para que un partido nos represente y naturalmente los dirigentes de ese partido tienen un "margen" para gestionar nuestras votos. Quiere decirse que cuando a un partido le toca gobernar se va a ir encontrando con circunstancias imprevistas a las que tendrá que dar respuesta, aunque esa cuestión no estuviera presente en sus compromisos electorales.

Pero hay una pregunta que cabe hacerse: cuando damos nuestro voto ¿estamos dando un cheque en blanco?

Ya digo que en política, como en la vida, las circunstancias son cambiantes y por tanto no hay una "foto fija" sobre la que solo se puede actuar.

Uno puede ser un pacifista convencido pero si al día siguiente de ganar las elecciones le invaden el país evidentemente tendrá que defender a los ciudadanos. O puede comprometerse a hacer veinte autopistas, diez líneas nuevas de AVE, construir seis hospitales, etc, y de repente no poder hacerlo porque se viene encima una crisis económica de alcance global.

En fin que se pueden poner muchos ejemplos de que efectivamente una cosa es predicar y otra dar trigo. Así que todos sabemos que no siempre los políticos a los que votamos van a poder cumplir "todos" (insisto en lo de "todos") los compromisos adquiridos con los votantes.

Otra cosa es que por intereses exclusivamente personales o partidistas los políticos se desdigan radicalmente de algunos de esos compromisos adquiridos.

Pedro Sánchez no dejo de repetir durante la campaña electoral que no habría gobierno de coalición con Podemos, que no se lo planteaba porque no podría dormir tranquilo, y ampliaba esa desazón de no dormir tranquilo a una inmensa mayoría de ciudadanos y como recordaba al principio de este artículo, también alegaba que con los independentistas catalanes no se podía llegar a acuerdos puesto que sus objetivos políticos quedaban fuera de la Constitución.

Sin embargo la misma noche de las elecciones Sánchez tomó dos decisiones: como había ganado sin respaldo suficiente configuraría un gobierno de coalición con Podemos y además también se apoyaría en Ezquerra Republicana de Cataluña.

Es decir empezó a fallar a muchos de sus votantes esa misma noche, porque ni siquiera esperó al día siguiente para intentar ver si podía buscar otras opciones. Es evidente que pactar con Podemos y Ezquerra era, es, una de las posibilidades que Sánchez tiene para ser Presidente. Pero es igualmente evidente que tenía otras.

Creo que los votantes del PSOE comprenderían que Sánchez acudiera a Podemos y a Ezquerra si tanto PP y Ciudadanos no le prestan su apoyo para permitirle gobernar. Si hubiera sido así Sánchez estaría cargado de razón para intentar con la fórmula Podemos-Esquerra poner la legislatura en marcha siendo investido Presidente de Gobierno. Pero Pedro Sánchez ni siquiera ha intentado esa opción. Simplemente la deshecho la misma noche de las elecciones en que prefirió asegurarse la investidura antes que probar suerte con otras opciones.

Ahora el señor Sánchez negocia no sabemos qué con Ezquerra, y lo poco que sabemos pone los pelos de punta porque si cumple con lo que al parecer está pactando, estará yendo mucho más allá de lo que se puede permitir.

Pedro Sánchez tiene toda la legitimidad para intentar ser investido presidente pero lo que no tiene es el mandato para hacer determinadas concesiones a Ezquerra Republicana que puedan desbordar de manera torticera el marco constitucional.

Su obligación es gobernar para todos los ciudadanos, todos, anteponiendo los intereses generales a sus intereses particulares y partidistas y desde luego sin interpretaciones tartufas sobre la Constitución. No, todo no puede, no debería olvidarlo.