EL REPLICANTE

Alejandro Ruiz


Eslóganes

Viejo recurso el de los eufemismos, las perífrasis, los circunloquios, los rodeos, las ambigüedades y los disimulos, para cambiar la imagen de las cosas con intenciones interesadas. Basta con observar estos congresos-cónclave de fin de semana que suelen organizar los partidos políticos, y ahora en la presente campaña electoral, para lavarle la cara a las vetustas y obsoletas ideas de siempre. En un par de horas, en un improvisado pero atractivo escenario, en busca de combinaciones de ingredientes de imagen, te proyectan una cara nueva, una frase nueva o un nuevo logotipo del partido, repitiendo machacadamente eslóganes entusiastas relativos a la oportunidad del momento, a los valores emergentes del líder, a las nuevas referencias para consolidar una manera de gobernar diferente, con fuerza, con emotividad, para que el partido recupere combatividad, presencia en la calle, conexión ciudadana.
Un tremendo esfuerzo mediático para ocultar que han dejado de ser canales de participación política, ajenos a las ideas e iniciativas serias y responsables hacia actividades socialmente útiles. La única participación política que esperan de los ciudadanos es que acudan a las urnas cuando se convocan elecciones.
Y funciona. Con el machaqueo persuasivo de una simple frase, utilizando técnicas bien estudiadas, con unas cuantas palabras se vinculan los políticos y sus partidos a determinadas emociones de miedo, ilusión o patriotismo, y con sensaciones positivas asociadas a los valores más básicos, elementales y primarios, para captar la atención del receptor. Los ciudadanos asumen así y se creen la repentina metamorfosis de fin de semana de los partidos políticos, constatándose la debilidad sociológica de los seres humanos, que no piensan de acuerdo con sus propios razonamientos individuales, sino bajo influencias interesadas en los deseos y expectativas de otros, que actúan para manipular.
En una perspectiva histórica y mundial, encontramos magníficos hitos de relevante trascendencia mediática y efectiva. Frases de contenido político que tuvieron una gran repercusión y ayudaron a forjar la voluntad de millones de votantes, como el «Yes we can» de Barack Obama; «I like Ike», de la campaña de Dwight D. Ike Eisenhower; Donald Trump con su «Make America Great Again»; «Don’t swap horses in the middle of the stream» (No cambies de caballo en medio del río), celebérrima frase pronunciada por el mismísimo Abraham Lincoln en tan remoto año de 1864; la frase del Manifiesto comunista de Marx y Engels, «Trabajadores del mundo, uníos»; o el «Ils ne passeront pas», que proviene de una arenga militar del general francés Robert Nivelle en la batalla de Verdún, y que en España la Pasionaria lo introdujo como «No pasarán».
En nuestra realidad más inmediata, una síntesis acumulativa de todos los eslóganes de nuestra campaña electoral con vistas al 10 N nos daría el siguiente resultado: «Por el futuro que quieres, ahora sí, y siempre, España está en marcha por todo lo que nos une».