El giro de timón... un año después

Leo Cortijo
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'La Tribuna' hace balance de los primeros 365 días de legislatura, centrados en el acuerdo de gobierno entre el PSOE y Cuenca nos Une

El giro de timón... un año después - Foto: Reyes Martí­nez

El coronavirus parece haber detenido el tiempo, pero éste avanza inexorablemente. Inmersos en la vorágine de la pandemia, algunos no habrán reparado todavía en que ya se cumple un año del nuevo giro de timón en el Ayuntamiento. Hace ahora 365 días, los conquenses, por cuarta legislatura consecutiva, modificaban el color político de aquellos que están llamados a regir sus designios. Casi sin solución de continuidad, el bastón de mando cambiaba de manos una vez más para seguir prolongando la secuencia rojo-azul-rojo-azul-rojo...

Sin embargo, el 26 de mayo de 2019 hubo un cambio. A la fiesta se apuntó un invitado inesperado. Una agrupación independiente, asociada a un nombre muy popular en la ciudad, puso una pica de calado histórico. El leitmotiv de ese paso al frente, innegociable e incorruptible, no era otro que asegurar la sintonía cromática con la Junta de Comunidades. Por fin. El mensaje caló en una gran mayoría de conquenses, desafectos de la política y cansados de sentirse los patitos feos de la región después de muchos años bailando a paso cambiado. Adiós al aislamiento autonómico. Al menos esa era la intención.

Con un muy buen resultado, pero sin mayoría absoluta, ésta era la llave que necesitaba Darío Dolz para ocupar el trono de hierro del Consistorio. Tenían que llegar a un pacto... y lo hicieron. Pocos días después presentaron un acuerdo de legislatura. La formación independiente entraba en el equipo de Gobierno. Dos de sus ediles se integraban en la Junta de Gobierno y uno de ellos gestionaría una concejalía importante, la de Empresas y Empleo.

En una rueda de prensa como ceremonia y en un hotel como templo se daban el ‘sí, quiero’. Comenzaba así la vida de un matrimonio que se las prometía muy felices. No era para menos a juzgar por sus votos matrimoniales, repletos de esperanza e ilusión.

El tiempo ha pasado. Un año después, el tándem transmite cierto desgaste. Es lo que tiene la vida en pareja, hace mella. Es normal. Dolz reconoce que «como todos los noviazgos, tenemos nuestros altos y nuestros bajos», pero que aún así el trato entre ellos es «cordial y satisfactorio». Gómez Cavero va un poquito más allá. Cree que la relación se ha enfriado un poco, y quiere algo tan aparentemente sencillo como que se le tenga en cuenta. Quiere «una mayor presencia y participación» en el día a día del matrimonio, no ser el convidado de piedra que no tenga «decisión propia» y que «levante siempre la mano».

Y es que además, se da la circunstancia de que esta mitad, la más descontenta tras el enlace, empatiza a las mil maravillas con una tercera parte, que descansa en el Palacio de Fuensalida de Toledo. Allí encuentra siempre una actitud «muy positiva» y palabras de «compromiso» que no rebajan ni un ápice las «expectativas» por las que se animó a dar el ‘sí, quiero’, siendo Cuenca «lo único en lo que hay que pensar». Un compromiso que resulta «fundamental» para mantener viva, por el momento, la llama del matrimonio.

La intención de ambos, «lo deseable», es que así sea. Quieren seguir siendo un matrimonio bien avenido. Como esa pareja que camina cogida de la mano en paseos bucólicos y oníricos bajo la luz mágica del atardecer. Una actitud serena, conciliadora y diplomática en Dolz invita a pensar en ello. O incluso en algo más. Cree que la política entra ahora en una «nueva era» y anima a los otros tres actores consistoriales a unirse a este matrimonio. Sostiene que «el mandato de la ciudadanía» es ese, porque «la unión hace la fuerza» y por esa razón le encantaría llegar a acuerdos, no de dos, sino de cinco.

La predisposición (y la intención) es buena, pero se antoja complicado escuchando los calificativos que utiliza la principal fuerza de la oposición. No se andan por las ramas, la verdad. Califican el matrimonio como un «fraude» para todos aquellos que confiaron en él, y es que entienden que durante este primer año se ha evidenciado una «manifiesta incapacidad» para cumplir con los votos que ambos se prometieron.

Sea como fuere, toca seguir remando. No queda otra. Y hacerlo, además, en un contexto complicadísimo por la situación económica y social que la pandemia ha traído consigo. Hará falta unión y voluntad. Restan tres años intensos de legislatura. El alcalde lo tiene claro: «Veremos realidades palpables», y es que «en paralelo» a lo que queda de mandato «la ciudad sufrirá una transformación».