Villalba de la Sierra y Zarzuela: Zona libre de virus

Jonatan López
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Las localidades de la Serranía conquense no registran, por el momento, ni fallecidos ni infectados. La labor de los ayuntamientos y la concienciación de sus vecinos son fundamentales para frenar al Covid-19

Villalba de la Sierra y Zarzuela: Zona libre de virus

Desde que el Covid-19 entró a formar parte de nuestras vidas se sabe que no entiende de edades, condiciones sociales, rentas ni fronteras. Se desconoce porqué ha tenido más incidencia en unos países que otros, que cúmulo de circunstancias permiten al virus aprovechar cualquier debilidad para llegar a causar la muerte y se analiza a contrarreloj todos los datos para hallar respuestas y soluciones. Lo cierto es que la pandemia no se ha comportado de la misma manera. Mientras que en ciertas zonas ha causado auténticos estragos, en otras ha pasado de largo o no ha encontrado las condiciones ideales para asentarse. 
Y si no que se lo digan a las localidades serranas de Villalba de la Sierra y Zarzuela –500 y 200 habitantes respectivamente– que en los más de 70 días que dura la epidemia no han registrado ni un solo muerto ni infectado. ¿Será la altitud, el clima, o la alimentación? ¿Puede que tenga que ver la longevidad de sus residentes? O, ¿quizá se trata del agua cristalina que corre por todos los rincones de estos dos municipios? 
Amador Castellanos, alcalde de Villalba, cree que no ha habido ningún caso «porque la gente se ha percatado desde el primer momento del riesgo que había». Alicio Triguero, regidor en la vecina Zarzuela, opina que «el trabajo que se ha hecho por parte de todos ha conseguido que, de momento, no tengamos casos positivos». El primer edil villalbero expone que desde el Ayuntamiento se ha hecho un seguimiento de desinfección y tratamiento de las calles, se clausuraron los espacios de confluencia pública desde el primer día  y, junto a la Guardia Civil, se ha trabajado para recuperar la normalidad. Cierto es que preocupa la reapertura de las empresas y negocios que viven del turismo. Por esta razón, se mantienen reuniones periódicas con el objetivo de «retomar la vida cotidiana».
Villalba de la Sierra y Zarzuela: Zona libre de virusVillalba de la Sierra y Zarzuela: Zona libre de virusEl alcalde zarzuelero relata que, además de efectuar desinfecciones periódicas, se repartieron mascarillas entre los vecinos. «El municipio está muy concienciado desde el primer día. Todos hemos respetado las medidas de seguridad y distancia, y la población está totalmente decidida a echar una mano», asevera. Este fin de semana pasado ya hubo misa, con las precauciones debidas, aunque recuerda que el virus «está ahí, no se ha ido, y hay que convivir con él hasta que saquen un remedio». Ambos ediles afirman que ayudarán a todas la familias que lo necesiten. «Por su puesto que el ayuntamiento va a estar ahí», dice Castellanos. «Estamos dispuestos a ayudar a todas las familias», extiende Triguero.    
Villalba de la Sierra. Ya se va notando que aprieta el calor en esta población, a las puertas del Parque Natural de la Serranía. Si no fuese por la pandemia, para estas fechas ya se notaría la presencia de turistas y visitantes que, principalmente desde Madrid y Valencia, ocupan casas rurales, contratan actividades de aventura o comen en los bares y restaurantes de la localidad. 
Jesús Rodríguez, propietario del matadero de Cárnicas Araceli, no ha dejado de abrir un sólo día para que a sus vecinos no les faltase de nada. Cuenta que se aprecia el descenso del consumo, no solo por aquellos que viajan y deciden detenerse a adquirir algunas de las suculentas viandas que elabora la carnicería, sino que además se nota la bajada de venta de carne a los restaurantes de la zona y de la capital. «Ha pasado la Semana Santa y varios puentes muy buenos del año. Va a ser un verano sabático», dice con resignación.
Villalba de la Sierra y Zarzuela: Zona libre de virusVillalba de la Sierra y Zarzuela: Zona libre de virusA cuentagotas van entrando los clientes. Primero una joven que adquiere longanizas de chorizo, salchichón, unos refrescos y unos litros de cerveza. «Es para mañana, que viene gente». En la puerta espera Natividad, quien asegura haber pasado estos días «divinamente. Tengo cuatro gallinas que me han dado de comer». Comenta que su familia «está a salvo». Sus hijos,  «que están en casa», y su marido, que el pasado día 14 cumplió nada menos que 94 años, «está fenomenal». La vecina cree que «saldremos de esta si Dios quiere» y, mientras posa para la fotografía pide que «cuando salga parezca que tenga 10 años menos». 
Isabel, empleada de la Central Hidroeléctrica de El Salto, no ha parado de trabajar en todo este tiempo. «Causaba sensación ir por la calle y no ver a nadie, pero ya se va viendo que la gente sale un poco más y con precaución». Eso sí, no le ha faltado de nada a nadie, pues «las tiendas han estado llevándole la compra a los mayores». 
En la plaza Olmo descansa un joven con sus dos hijas pequeñas. Es cardiólogo en el Hospital Virgen de la Luz y, por fin, se ha podido juntar con su familia. El sanitario, que ha estado en primera línea de batalla, afirma que en el centro hospitalario «hay menos ingresos y la presión asistencial está más controlada». Sobre la inexistencia de casos en Villalba, expone que «aquí se mantiene la distancia de seguridad de una forma casi innata. Sales a comprar y no te cruzas con nadie. El problema que ha tenido Cuenca es la relación con Madrid, un foco de infección».
Villalba de la Sierra y Zarzuela: Zona libre de virusVillalba de la Sierra y Zarzuela: Zona libre de virusRaúl ha sido contratado por el Ayuntamiento para trabajar como peón de limpieza durante unos meses. Hay faena pues, con tanta lluvia y sin haber echo tareas de mantenimiento en casi dos meses, la hierba se abre paso por cualquier rendija de las aceras, en las esquinas y junto a la carretera. «He empezado hoy», dice este villalbero, «de toda la vida»,  que pide que «madrileños y valencianos que estén infectados no viajen. Si vienen, cascan todos los viejos. Mi padre tiene 92 años y si lo coge no lo cuenta». 
Otro de los vecinos, José, asoma por la puerta de su cochera. «Si no ha venido por aquí el virus bien está», comenta. «Tengo un certificado de cirugía bascular y salgo de paseo todos los días. Me he ido por el camino de Sotos, por los pinos, y no me he encontrado con nadie».
Zarzuela. Al llegar a Zarzuela, da la impresión de que todo el mundo está en su casa. Bueno, no todo el mundo, pues Santiago, propietario del único bar de la localidad, y José Luis, conversan en la puerta.  
Villalba de la Sierra y Zarzuela: Zona libre de virusVillalba de la Sierra y Zarzuela: Zona libre de virusEl dueño del establecimiento ya ha colocado varias sillas y mesas en la entrada y ordena el interior para que cuando se pase de fase puedan acudir varios clientes a la vez, conservando la distancia, eso sí. 
No se va a poder jugar al truque. «Olvídate. Es un juego de seis y la baraja tendría que pasar por todas las manos. De eso no habrá nada». Dice que hay gente que no se ha pasado aún por el bar «por que tiene miedo», aunque también hay quien, como en Madrid o en Barcelona, «ha salido cuando le daba la gana». El Ayuntamiento le ha autorizado a cerrar la calle con una barrera por ambas esquinas, para que pueda poner varias mesas con la distancia suficiente y cumplir así con las medidas exigidas. 
No hay tienda de comestibles. A la localidad llegan furgonetas de fruta y pan, carne o congelados. El Consistorio permite que repartan a diario para que no les falte de comer a los vecinos, aunque «aquí no hay hambre ni necesidad. Quien no tiene gallinas tiene conejos, o guarda en orza», apunta Santiago.
Villalba de la Sierra y Zarzuela: Zona libre de virusVillalba de la Sierra y Zarzuela: Zona libre de virus«No estamos muy mal», asiente Petra, que camina despacio con su andador convertible en silla junto a la puerta de la vivienda de mayores. «No ha habido muertes por aquí. No ni queremos. Tengo ya muchos años. Os asustáis si os lo digo. Ochenta y nueve, pero estoy malísma», ríe. Detalla que son cuatro los ancianos que viven en la casa, «dos mujeres y dos hombres», cada uno en su propia habitación. «Me críe en el campo, padeciendo y trabajando, sin hacerle mal a nadie. No he tenido hijos y se me murió el marido hace 14 años. La salud es lo más importante», sentencia, mientras se arregla el pañuelo de la cabeza para salir bien en la foto.
En la plaza del Cristo charlan y toman el sol Sofía, «como la reina vieja», y Escolástico. No han puesto todavía las plantas de tomate ni los pimientos en el huerto, porque «se plantan entre San Siro y San Antonio». Sobre la pandemia, corroboran que «aquí no ha caído nadie. Del pueblo sí, pero en otros sitios. Que no venga el bicho, que es peor que la langosta y nos da un patatús. Jamas en la vida hemos visto algo igual», concluye Sofía.


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