NUEVO SURCO

Javier López


Corpus: la víspera

Milagros Tolón inaugura su segunda alcaldía por todo lo alto, comenzando la semana grande del Corpus, en solitario, sin pactos, no se puede pedir más, recorriendo  en la noche de la víspera el camino procesional precedida por el pertiguero que este año va a ser como el anunciador de las noticias nuevas, que no lo son tanto, de la política local. Sí que ha habido novedades en el desfile de la víspera con la introducción en la comitiva de gigantes y cabezudos de Juan de Padilla y María Pacheco, que se unirán al salir de la plaza del Ayuntamiento a los Reyes Católicos o al Cid Campeador, dando de nuevo muestras inequívocas de la visión integradora que de la historia de España tiene la ciudad de Toledo, poniendo esta vez una pica festiva y amable en nuestra identidad castellana a través de nuestros líderes comuneros más entrañables. Si la historia de Toledo no es integración de las diferencias, se queda en mucho menos de lo que es en toda su amplitud: ciudad de las tres culturas.
El Corpus también integra y une,  penetra cada año en nuestra ciudad y se equivocan, y mucho, los que  ponen pegas y trabas a celebrar el jueves más grande de todo el año en Toledo, a que tenga carácter festivo y sea jornada de descanso, porque más allá de las creencias religiosas de cada uno, lo cierto es que el Corpus es una apoteosis del color, las flores y las sensaciones que piden permiso esta semana a las piedras toledanas para poner su nota distintiva. Es finalmente un canto a la vida y a la primavera justo antes de entrar en el caluroso y duro estío. Una muestra visual de nuestra identidad que nos hace únicos y excepcionales. Acabar con ello, o debilitarlo, no es más que entrar de lleno en la dinámica uniformadora del mundo moderno y mercantil que tanto critican, por otra parte, los que miran con recelo la fiesta del Corpus. Una terrible paradoja de la que no estoy seguro de que sean plenamente conscientes.
Y el Corpus es también su víspera. El bullicio de la noche anterior al gran día es a veces agobiante, pero finalmente deja un poso de humanidad y humaniza el Casco como en  ninguna otra noche en el año. Recorrer los patios no deja de ser una rutina, pero siempre el motivo para llegar a un punto de destino y descanso antes de continuar con la ruta trazada. Los patios toledanos tienen una función indispensable en una ciudad calurosa y de calles estrechas. Son el remanso y el descanso, son también el habitáculo preciso para sentir la luz natural desde unos parámetros  arquitectónicos en los que se refleja toda la diversidad cultural que ha formado, a la manera de sustratos que se sobreponen unos sobre otros, la identidad toledana. Son, en la víspera del Corpus, una donación de sus propietarios a toda la ciudad que los visita y los disfruta.
De manera que el Corpus que estalla con toda su festividad y su vitalidad en la noche de la víspera, noche toledana por excelencia, es una manifestación total que enriquece los sentidos y da alas a las mejores vibraciones humanas.  ¿Cómo es posible ponerle pegas?. Este año, por lo demás, la fiesta viene marcada de contenido político novedoso, historias que van y vienen, que siempre están presentes, pero que no alteran para nada la esencia de la celebración toledana por excelencia. Estaremos atentos los periodistas a los corrillos de los eventos. Ayer en la tarasca de La Tribuna todo eran miradas hacia las novedades una  vez constituidos los ayuntamientos y  a punto de la toma de posesión de Emiliano García-Page. Pero finalmente lo que prevalecía por encima de todo era ese Corpus que se vive con rotundidad durante una semana, con parada solemne el jueves, y recorrido jovial en la noche de la víspera. Parada total en la ciudad de Toledo durante todos estos días, ya se seguirá la semana que viene con los dimes y diretes y lo trajines de la actualidad, que hay que mucha tela que cortar. Se quitará el toldo que nos ha cubierto del calor en el Casco, se recogerán los tiestos, las sillas y las flores, se barrerá el romero, el cantueso y el tomillo de las calles, el olor a incienso desaparecerá hasta el próximo año, y tendremos que entrar en la Catedral para disfrutar de ese aroma. La luz volverá a su rutina y su normalidad, sin adornos ni faroles. Los patios cerrarán.  Es el Corpus, con su víspera vistosa y florida, el punto de arranque y destino de la ciudad de Toledo en su versión más vitalista. Verlo de otra manera no es más que hacer una absurda concesión a la mediocridad.