COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


La prórroga

01/05/2020

La próxima semana el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez volverá al pleno del Congreso para solicitar una nueva prórroga del estado de alarma que se extenderá durante 15 días más casi hasta finales del mes de mayo, aunque es previsible que tenga que acudir en dos ocasiones más hasta que concluyan las tres fases previstas hasta llegar a la 'nueva normalidad' si se mantiene el control sobre los contagios de la COVID-19.

Cada vez que Sánchez acude al Congreso con esta finalidad sale con menores apoyos que la vez precedente, y en esta ocasión el PP duda si sumarse al frente del no, aunque lo más posible es que acabe añadiendo los suyos al frente abstencionista, tras una nueva sesión de críticas ya conocidas sobre la ineficacia del Gobierno, su torpeza, su fracaso en la protección de los sanitarios y en la compra de material, a lo que se añadirá ahora el "caos" del proceso de desconfinamiento que llevará la situación actual hasta finales del mes de junio, sin que  siga sin conocerse cuál es la alternativa que propone a ese plan, a no ser que hablen por su boca las patronales que consideran insuficiente los plazos de apertura de sus negocios.

El Ejecutivo considera que la prolongación del estado de alarma es imprescindible para el mantenimiento del mando único bajo el ministro de Sanidad, el control de la movilidad e impedir que la desescalada se produzca en desbandada y se ponga en riesgo lo conseguido a lo largo de la cincuentena de confinamiento que se cumple con un alto grado de responsabilidad ciudadana, y a la espera de los resultados en la evolución de la pandemia de las nuevas normas de salida de los domicilios por franjas horarias.

Por oponerse a las directrices del Gobierno, el PP puede sumar sus votos a las abstenciones del PNV y de ERC, entre otros, que quieren recuperar las competencias en materia sanitaria de manera urgente, -aunque  estos partidos están pensando en votar en contra de la propuesta del Gobierno-, por lo que resulta curioso ver a Pablo Casado en posiciones centrífugas que van en contra de una salida igual para todos en función de los marcadores sanitarios previstos. 

Si no se prorrogara el estado de alarma muchas de las medidas aprobadas por el Gobierno con el horizonte temporal de la duración de esa situación comenzarían a decaer y tendrían que renegociarse algunas de las ayudas entre otras los ERTE, a las que se pondría fin con la desactivación del estado de alarma, y todo ello con la pandemia sin controlar de forma definitiva de tal forma que se podría reactivar toda la actividad comercial, lo que no quiere decir que se recuperara el consumo, a lo que hay que añadir la incertidumbre sobre el empleo. La encuesta conocida ayer sobre la actitud de los británicos respecto a la desescalada, sus temores a acudir a comercios o a las relaciones personales podría ser fácilmente trasladable a nuestro país. El riesgo a un rebrote de las infecciones si no se realiza con unas garantías que por ahora no se tienen tendría unas consecuencias mucho más dramáticas en los aspectos sanitarios y económicos. 

Pablo Casado tiene razón cuando se queja de que no recibe información del Gobierno sobre el nuevo plazo del estado de alarma, pero no lo es menos que si impide una nueva prórroga tendrá difícil explicarlo a una ciudadanía que antepone su salud al consumo de bienes y servicios que no sean los estrictamente necesarios.