NOTAS AL PIE

Javier D. Bazaga


Por favor circulen

A ver cómo se lo digo sin que se note que me estoy riendo. Acabamos de descubrir que las famosas “líneas rojas” que ponen algunos a la formación de gobiernos no son ni tan líneas, ni tan rojas. Resulta que pueden ser líneas discontinuas, de esas que uno puede cruzar a un lado y al otro sin cometer ninguna infracción, y que también pueden ser rojas anaranjadas. Como ese ámbar de los semáforos que parpadea. Ahora estoy, ahora no estoy. Es como si el ámbar dudara de su identidad antes de pasar del verde al rojo. Menos mal que los semáforos no tienen el color azul. ¿Se lo imaginan? Sí, seguro que se lo imaginan.
En Castilla-La Mancha el semáforo se ha quedado en rojo. Pero bien intenso. La región será gobernada con mayoría absoluta por el Partido Socialista de Emiliano García-Page. Un tremendo semáforo en rojo que le ha dicho al resto de partidos que por aquí no se puede pasar durante los próximos cuatro años.
Pero en las capitales y los municipios la cosa no estaba tan clara, y los conductores, que en este caso somos los ciudadanos -siguiendo con el símil, y no nos queremos salir del arcén-, ya están esperando que el semáforo nos permita seguir nuestro camino. La fecha límite era este sábado, momento en el que las entidades locales deben constituirse, y los partidos definirse.
Ayer se anunció ese acuerdo de cogobernación -no me sale llamarlo «de cooperación»-, entre Ciudadanos y el PSOE, por el que en determinados municipios el alcalde será dos años de un partido y otros dos de otro. Es el caso de Albacete y Ciudad Real. En Guadalajara finalmente será de coalición. Se impide así la continuidad del PP en muchas alcaldías, que en algunas de ellas se hacía necesaria la participación de Vox. Está claro que aquí Ciudadanos se ha decidido por el rojo, pero sorprende que ni 24 horas antes la formación ‘naranja’ anunciara el acuerdo alcanzado con el PP en Castilla y León, lugar donde sus votos también podían darle la Presidencia de la comunidad al PSOE, que ganó las elecciones. Allí el semáforo no cambiará. Para muchos será un alivio que no pase al rojo, pero para otros supondrá que no se echará el freno a una política que se ha venido ejerciendo desde hace más de 30 años.
En el caso del Gobierno de la nación la cosa también está complicada. Los números no le terminan de salir a Pedro Sánchez, con alianzas o sin ellas, con abstenciones o sin ellas, por lo que podríamos decir que para él el semáforo sí que está en rojo. Y ahora no tiene posibilidad de saltárselo, como hizo con la moción de censura. Legítimamente, ojo. Pero ahora tiene que aglutinar una mayoría en torno a su proyecto, y no contra el de otro. Y rápido porque el tráfico se colapsa. Así que, por favor, circulen.