«Mientras hay vida, hay esperanza»

Jonatan López
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Manuel Laguna, jefe de la Comisaría de Policía Nacional en Cuenca, relata los cerca de 80 días que pasó ingresado en el Hospital Virgen de la Luz a causa del Covid-19 y envía un mensaje de optimismo y fuerza para los que pasan la enfermedad

«Mientras hay vida, hay esperanza»

Setenta y siete días ingresado en el hospital Virgen de la Luz de Cuenca, 63 de ellos en la UCI y 32 en coma inducido. Difícilmente olvidará Manuel Laguna, jefe de la Comisaría de la Policía Nacional en Cuenca, su lucha contra la terrible pandemia de la que ha salido victorioso. En este tiempo estuvo varias veces en el filo de la navaja, en la delgada línea que separa la vida y la muerte. La moneda acabó cayendo por el lado de la cara y, a partir de ahora, tiene dos fechas de nacimiento que celebrar. La segunda, el pasado 24 de mayo –María Auxiliadora–, día en el que salió de la Unidad de Cuidados Intensivos.  «Soy optimista por naturaleza. La fuerza de voluntad y el tesón que he tenido siempre me han ayudado a sobrellevar el trance», afirma.
Laguna, de 58 años y natural de Alcázar de San Juan, se levantó indispuesto en la mañana del 20 de marzo –por aquel entonces ya coordinaba las tareas de la Policía Nacional para frenar al virus– y acudió al médico de cabecera, pero ya se habían suspendido las consultas externas. «Inicialmente no tenía síntomas, sólo estaba cansado, pero un amigo médico me dijo que fuese al hospital de inmediato. Cogí la bolsa de aseo y ropa, y estando en una habitación me dio la crisis. Cuando me llevaban a la UCI, me cuentan los sanitarios que yo les decía que me encontraba bien. Ni me acuerdo de ello».
«Esos son malos recuerdos para mi familia, sobre todo para mi mujer, mi madre de 90 años y mi hijo, a los que también le detectaron que tenían el virus. Fue una situación extrema. A mi mujer le dijeron que tenía un 98 por ciento de posibilidades de irme al otro barrio», relata el responsable de la Policía Nacional, quien opina que «es mejor saber la realidad». Reconoce con entereza que estuvo «en estado crítico, al borde del precipicio, y añade que cuando se le bajó a una habitación «tenía la cabeza perfectamente. Lo que pasa es que he estado sin hablar 32 días porque tenía el aparato de respiración y la traquea agujereada. Una vez me lo quitaron, los propios médicos se quedaron sorprendidos por mi tono de voz  y por cómo hablaba».
Laguna justifica su aplomo por su larga experiencia como policía destinado en San Sebastián, combatiendo durante una década el terrorismo de ETA, y posteriormente el islamista, «que fue mi destino previo a Cuenca. He visto cosas muy fuertes». 
Durante su recuperación, hizo uso  de una radio y de su teléfono móvil para enterarse de toda la actualidad, aunque subraya la oportunidad de reflexionar en profundidad sobre «lo que es importante, la familia, la salud. Cuando la tienes no la valoras y lo haces cuando estas a punto de perderla». 
Agradecimientos. Como no podía ser de otro modo, mantiene en su cabeza una larga lista de agradecimientos que van desde los sanitarios que le atendieron, capellanes del hospital o las hermanas Carmelitas que oraron por su vida, hasta las numerosas personas que se han interesado en él durante estos días. Dice sentirse querido por los conquenses, por tantas personas que ha conocido durante los 10 años que lleva destinado en la provincia y la relación que mantiene fuera del trabajo con asociaciones y colectivos. «Mucha gente, como el director general de la Policía Nacional, Francisco Pardo –quien también estuvo ingresado en un hospital por coronavirus–, se ha interesado casi todos los días por mí. Eso me llena de alegría».
Ahora, con 15 kilos menos de peso y muchas ganas de recuperarse al cien por cien, tiene la intención de reincorporarse cuanto antes a su puesto de trabajo, junto a sus compañeros, «de los que estoy muy orgulloso. La Policía ha estado en su puesto y ha cumplido con su trabajo, que es servir  a los demás». 
No quiere olvidarse de lo más importante. Que su experiencia sirva para transmitir un mensaje fundamental, «que la gente, aunque se vea en una situación muy apurada, tenga buena disposición psicológica y una actitud positiva. Si es así, tiene muchas posibilidades de recuperarse. Mientras hay vida hay esperanza», recalca.