TERCERA SALIDA

Jesús Fuero


Una muy negra

Colón no era inglés, y de eso nos hemos librado, al menos los que vivieron de Centro América hasta la Patagonia, pues sabido es que los ingleses lo arrasaban todo, asesinando a quien les saliera al paso. Pocos indígenas quedaron en Norteamérica, muchos muertos negros en Sudáfrica cuando Churchill era teniente, y eso que ya estaban los holandeses. Poco quedó en el saqueo de Cádiz cuando Cervantes por allí trabajaba: que no quedo ná quillo, picha, chocho o lo que seas, que el Duque de Medina Sidonia huyó cual atún. Pero no hay que olvidar que el español es mucho español, y a pesar de sus particularidades jocosas, gozosas y espirituales, es de los más hablados mundialmente; que a pesar de las zancadillas de los ingleses sigue avanzando con paso firme, hasta en Estados Unidos y en la pérfida Albión, y desde Gutenberg aún más. Intrépidos marineros españoles siguieron surcando los mares que descubrió Colón, y un conquense llamado Alonso de Ojeda le acompañó en su segundo viaje a América para gloria de España y de Torrejoncillo del Rey. Ojeda, como un don Juan, peleó con caníbales que disparaban flechas untadas con curaré, ese veneno que hacía que a las flechas las llamaran las «de los siete pasos», que era el tiempo de que disponía el herido de rezar una plegaria. Otros eran capturados vivos y esperarían para formar parte del menú del día servido en algún caldero. El astuto adalid salió airoso en numerosas lides. Acompañó a Juan de la Cosa y a Américo Vespucio en los viajes del descubrimiento que cartografiaron. Fue el primero al que el Rey dio concesiones de tierra firme para realizar asentamientos y comenzar a explotar las riquezas de América. Españoles llevaron nuestra lengua a un mundo nuevo, y nuestra civilización de la que también formaba parte inseparable la religión católica. En América sigue habiendo viejas culturas y muchos mestizos, gracias a que los conquistadores españoles se acoplaron y copularon con las mujeres indígenas cual si de mozas chapadas castellanas se trataran, y ahora son parte de la riqueza de sus naciones. Y me viene a la cabeza un libro de Madariaga, El corazón de la piedra verde, en el que la princesa Xóchitl y el rubio Alonso de Manrique, se enamoran en un sueño. Los ingleses tienen en América rubios de pura raza que con tanta endogamia hacen que algunos parezcan seres primitivos, viejas razas a punto de extinguirse, y solo digo que hay muchos Donald Trump. Mia no es la frase que decía que decía uno en la lengua de Cervantes «ha sido durante siglos la admiración del mundo, la envidia de las naciones extranjeras, el recreo del vulgo, la medicina de los malhumorados y el repertorio inmenso de todas las gracias de la conversación». Y digo yo que no me extraña que los cómicos ingleses sean medio mudos, como Rowan Atkinson (Mr. Bean), Benny Hill, o Charles Chaplin al que no le dejaron hablar, ¡por suerte!
   Leo que este año California ha pedido oficialmente perdón por los crímenes cometidos contra la población indígena por parte de los colonos norteamericanos. Y eso es uno más de los datos objetivos que ponen de manifiesto las diferencias entre el modelo de colonización anglosajón y el español. El español intentó preservar la cultura nativa a través de las misiones franciscanas. Pero miren por dónde el reciente genocidio de los nativos californianos tuvo lugar en el siglo XIX, y en sólo treinta años de 150.000 indígenas pasaron a unos 30.000, y lo hacían para quedarse con el oro de sus tierras, ya solo quedaba convertirla en nuevo estado abusando de los nativos, muchos de los cuales fueron esclavizados. 
Y curiosamente los indígenas californianos habían sobrevivido hasta entonces protegidos por las leyes que los españoles hicieron y que los colonos norteamericanos no respetaron, eso sí, esa masacre tuvo la ayuda del gobierno y el ejército de los Estados Unidos que era la nación que supuestamente defendía a los colonos. San Diego, Monterey o San Francisco son sólo algunas de las ciudades que fundaron los franciscanos enviados por España para acoger a miles de indios. ¡Y que sea el revisionismo historiográfico anglosajón el que acuse a los españoles de tolerar los abusos contra los indios! ¡Hay que joderse!