EL REPLICANTE

Alejandro Ruiz


La mudanza

La teoría del caos para explicar la existencia de divergencias en los resultados cobra pleno sentido cuando uno se levanta por la mañana y no sabe en qué jodida caja tiene guardados los calzoncillos. La vorágine de una mudanza por cambio de domicilio es el paradigma perfecto y concluyente de la teoría del caos como determinación de una amplísima variedad de circunstancias que pueden transformar aleatoriamente nuestra conducta y pensamiento y moldear nuestro modo de vivir la vida por unos días o para siempre.
En el sistema no determinista de la teoría del caos representada por la mudanza, pequeños cambios pueden conducir a consecuencias totalmente divergentes; «el aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo». Si reflexionamos un poco, podemos comprobar que cualquier pequeño acto, una modificación intrascendente, un cambio o una pequeña decisión, pueden producir efectos relevantes para el futuro hasta el punto de cambiar nuestras vidas. La vida se plantea como «un sistema dinámico en la suma de infinitos comienzos, cada uno de ellos influyendo en el siguiente…». Una pequeña perturbación inicial, mediante un proceso de amplificación, puede generar un efecto considerable a medio y corto plazo.
Fuera ya de la estricta teoría del caos, por lo general la idea de caos la entendemos todos como falta de orden, como desorganización o desconcierto. En este sentido, la mudanza también es sinónimo de cambios que implican y conllevan una ruptura temporal de la rutina y los hábitos cotidianos, una situación novedosa difícil de soportar y motivo en muchos casos de desequilibrios emocionales por estrés. Un duelo derivado del apego al espacio ocupado durante tiempo, al refugio consolidado de la intimidad del hogar, a la adherencia a nuestro entorno, a nuestras paredes, a los ruidos, los vecinos, los bares habituales del barrio y los recuerdos, a todo lo que ha pasado y se ha dicho en la casa abandonada.
Y pese al ímprobo esfuerzo que queramos realizar para poder adoptar una actitud realista y positiva de la mudanza, entendiendo el cambio como una oportunidad para descubrir las nuevas situaciones que la vida  nos pueda deparar, uno se viene abajo cuando constata que, mientras el plano grabado en nuestro cerebro a través del reiterado y cotidiano recorrido te permitía recorrer la antigua vivienda en penumbras, en la más absoluta oscuridad de la noche, por el contrario, la inevitable desorientación en la nueva ubicación te lleva necesariamente a tropezar con todas las paredes, con todos y cada uno de los muebles e impedimentos que se encuentren en el recorrido necesario para lograr el destino final de la micción nocturna. Ya se sabe que en la mitología griega el Caos era una divinidad sin personalidad encargada de darle forma a Erebo, el dios de las tinieblas.