CATHEDRA LIBRE

Miguel Romero


Resiliencia

25/05/2020

Curiosamente, circunstancias inesperadas arrastran nueva terminología en conceptos y vocablos poco usuales, novedosos o incentivados. Es lo que nos está pasando con el Covid19 y esa terminología complementaria a la que nos estamos acostumbrando sin más remedio. Coronavirus, Desescalada, Confinamiento, Empoderamiento y Resiliencia, como comentario presente.
Para conceptuar su significado, adaptado también a la posibilidad de su comprensión, debemos tener un adecuado conocimiento del lenguaje, algo que es propiedad de un porcentaje social no muy elevado, o bien, adaptar nuestros mecanismos de comprensión a una nueva realidad de comunicación verbal sintomática y efectiva.
Resiliencia es una palabra poco conocida en el argot cotidiano, pero ahora se está convirtiendo en algo más usual para el mecanismo vulgar. Si cabe, conviene para mantenerla activa, ahondar un poco en su significado y origen, de esa manera, quedará más grabada en el mecanismo de defensa coloquial.
En Psicología, una ciencia muy de moda actualmente, es la capacidad que tiene una persona para superar circunstancias traumáticas como la muerte de un ser querido, algo que ahora está siendo -desgraciadamente- más corriente de la normalidad habitual.
La resiliencia es la norma bíblica para los cristianos. La Biblia contiene muchas advertencias para seguir adelante (Filipenses 3: 13–15), superar las dificultades y la tentación (Romanos 12:21) y perseverar frente a las pruebas (Santiago 1:12).
Por otro lado, la resiliencia puede ser aprendida porque no es un rasgo de personalidad que se presente en algunas personas y otras no. Ser resiliente significa que, pese al dolor y las circunstancias adversas, una persona es capaz de seguir con su vida sin perder el control o sentirse desbordado o incluso, empezar de nuevo cuando todo ha salido mal.
Y cómo adaptar nuestros mecanismos de defensa, normalmente débiles, ante situaciones de esta índole. La verdad es que es muy difícil y a veces, imposible, si la capacidad de sensibilidad es la que es. Algunas personas que creen en ello y por suerte su mar está en calma, pueden permitirse mirar otras lagunas, plantearse que pueden venir marejadas o algún temporal inesperado o que ahora que el mar está tranquilo es una pena no disfrutarlo teniendo alguien más con quien estar, un trabajo mejor, una nariz más pequeña...
La vida sigue... La vida siempre sigue, pero muchas veces sin que nos apetezca nada, tardamos en volvernos a enganchar a los valores que nos mantienen con futuro cuando éste de repente se trunca.
Frente a las situaciones materiales, las soluciones son más fáciles y si cabe, ventajosas, al adecuar sus mecanismos externos. Por ejemplo, ahora, los sordomudos no pueden leer en los labios como medida de comunicación directa y clave, al llevar los interlocutores mascarillas, y han tenido que adecuar sus mecanismos con la búsqueda legal y homologada de mascarillas transparentes que permitan la visualización; o por ejemplo, los ciegos, los cuales ahora no pueden saber cuándo se encuentran a los dos metros de distancia reglamentarios, ni siquiera sus perros guía pueden advertirlo por no estar entrenados para ello, tanto esta situación como la de andar por la derecha para evitar el contacto.
Pues bien, sin que sea la panacea milagrosa, la resiliencia habrá que exponerla de frente, desarrollando una serie de hábitos y actitudes y establecer ciertas pautas de autodescubrimiento. Bonito en teoría y casi imposible, en la práctica, ¿verdad?
Tal vez, como nunca seremos capaces de realizar apreciaciones totalmente objetivas acerca de la realidad, por mucho que nos lo aconsejen y puesto que hagamos lo que hagamos no alcanzaremos a conocer de un modo directo la realidad, deberemos elegir construir una interpretación de nuestra vida que tenga un significado importante para nosotros. Tal vez, de esta habilidad, que requiere tiempo y práctica, nacerá la resiliencia, la cual nos servirá para  empoderarnos y para estar un poco más cerca de esa felicidad por la que tanto estamos luchando. ¡Lo intentemos, amigos!