DESDE EL ALTO TAJO

Antonio Herraiz


Fake News en la Peña Hueva

El atasco en el Everest del pasado mes no es ninguna noticia falsa. Hay fotos y vídeo que dan testimonio. Cerca de 200 personas formaron cola para coronar los 8.848 metros de esta cima y, si procedía, hacerse un selfie sin filtros, como si de un parque temático se tratara. Algunos esperaron más de 2 horas y la imagen captada por Nirmal Purja, alpinista nepalí, es ya una de las instantáneas del año. Dentro de la estupidez humana hay muchos grados y este, sin duda, está a la cabeza.
Con evidentes matices, lo del Everest se repitió en el Aneto, el pico más alto de los Pirineos. Hacía buen tiempo y en el paso de Mahoma, un acceso obligado para ascender a la cumbre, se congregaron más de 200 montañistas. Un auténtico peligro para domingueros sin experiencia y una moda más que deja sin esencia esta apasionante actividad deportiva.
No todas las historias de montaña son reales, y las altas cumbres también dan pie a noticias falseadas, acuñadas como Fake News por los americanos. De hecho la historia que nos ocupa no se centra en una cumbre como tal, sino en un relieve tabular que supone el fin de un páramo. En Guadalajara, cuando sales por la A2 dirección a Barcelona te sorprenden dos grades bastiones serpenteados por pinos a los dos lados de la autovía. A la izquierda, el Pico del Águila, y a la derecha un balcón conocido como la Peña Hueva. Desde estos dos imponentes miradores se divisa la sierra de Madrid.
Por su cercanía a Guadalajara, se han convertido en una de las rutas preferidas para los que viven en la capital de todas las alcarrias y también para madrileños que comienzan a explorar estas tierras. Hace unos días, dos avezados senderistas subieron a la Peña Hueva. Cuando vieron que anochecía después de divisar las cuatro torres de Madrid en el horizonte decidieron bajar. Al final encontraron una bicicleta de montaña. De ese punto se habían marchado ya todos los coches que había cuando emprendieron la subida. Esperaron un tiempo oportuno, revisaron los alrededores y dieron un par de voces por si había alguien. Nadie respondió y la noche se echaba encima. Decidieron coger la bici y dejaron un cartel: «Hemos encontrado tu bici. Te la dejamos en las dependencias de la policía local». Además, uno de estos jóvenes colgó un mensaje en Facebook: «Hemos encontrado una bicicleta bajando de Peña Hueva. La hemos depositado en la Jefatura de la Policía Local de Guadalajara». Al poco tiempo, en esta red social un usuario respondió: «Pues estará bien hecho, no te digo que no. Pero el chaval que estaba cagando se ha tenido que volver andado». La cosa daba pie a la chanza y puede que te haya llegado el pantallazo con los dos textos. De hecho, algún periodista se encargó de difundirlo sin contrastar; para seguir con la mofa.
¿Cuál es la verdad de esta historia? El dueño recogió todo lo que llevaba pero se olvidó de la bicicleta y se fue en su coche. Pasaron muchas horas hasta que se dio cuenta y cuando subió de nuevo vio el cartel, fue a comisaría y recuperó su bici. Después, se puso en contacto con las dos personas que la encontraron para mostrarles su gratitud. ¿Qué ha quedado de esto? Miles de mensajes con la bromita. En este caso, estamos ante un asunto menor, pero luego todos somos muy dados a llevarnos las manos a la cabeza cuando un envío masivo acaba en tragedia. Tenemos ejemplos cercanos para tomar nota. Por cierto, a pesar de las gracietas que han tenido que soportar, los que encontraron la bici volverían a hacer lo mismo.