TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Los niños

15/12/2019

Como canta Etxaniz, «no sabíamos que era imposible y lo hicimos a lo grande». Hay algo maravilloso en la inconsciencia de un niño ante un gran reto, y es que el tiempo, la experiencia y la perspectiva son tres factores que todavía no coartan su forma de ser… y de jugar. Por eso, leer «Zidane medita jugársela en Mestalla con Rodrygo» es un pequeño soplo de aire fresco en un fútbol previsible y casi programado.

Los técnicos de equipos grandes se la cogen con papel de fumar cuando tienen canteranos y niños a los que dar minutos. Valverde, por ejemplo, se fue a Milán con una cuadrilla de chavales que le ganaron 1-2 al líder de la Serie A, por ejemplo, pero no volverá a alinear juntos a tres de ellos (Wagué, Todibo, Junior, Aleñá, Carles Pérez y Ansu Fati) hasta la Copa. Cuando llegan los partidos de la verdad, los niños pasan a un segundo plano, como en los restaurantes con mesa aparte y menú infantil: «Ahora salid fuera, no molestéis».

La única forma de que un 'niño' se haga 'mayor' (y ya no hablamos exclusivamente de la edad, sino de la condición de futbolista) es que haya entrenadores valientes que entiendan que alinean jugadores en más o menos forma sin mirar qué pone en su carné. Si a día de hoy Rodrygo está mejor que Bale, Zidane no se está «jugando» absolutamente nada: es una apuesta sólida. De hecho, se la «jugaría» mucho más alineando al galés, ¿no?

Sucede que mantenemos el viejo vicio de pensar que los partidos duros (y el de Mestalla será una prueba de fuego para medir esa resurrección del Real Madrid) son para 'hombres' con oficio, pero el niño tiene una gran ventaja sobre adultos que se conocen demasiado y juegan partidos planos: todavía no sabe qué es difícil (o imposible) y lo hace a lo grande.



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